29 Julio 2008

Aviso

Querido todos, nos tuvimos que encerrar en el hospital. No teníamos internet y se me perdió por completo el orden del pasar del tiempo. Por fin Milagros lo conectó. Mañana les contamos cómo anda la cosa.

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21 Febrero 2008

Ecos de la fiesta

Ese hombre que está echado en un sillón reclinable, que se sacude de vez en cuando como movido por un resorte que tuviera metido en el tórax, es el de la fiesta. No se ve mal; se ve que está cobrando fuerzas; parece que la celebración se extendió mucho en el tiempo y en el espacio y que corrieron ríos de vino y de bebidas destiladas. A propósito: alguien, en una de las habitaciones preparadas para sentarse a conversar cómodamente, sugería que estaba en negociaciones con los dueños de una cierta hacienda que hay en Zacatecas, llamada Saldaña, en el Municipio de Pinos, en la frontera con San Luis Potosí, para instalar alguna vía de abastecimiento permanente y segura; parece que hay inversionistas interesados en tender un mezcaloducto submarino pero los técnicos están investigando si no se alterarán los sabores con la intromisión del deseo de tantas especies marinas que lo verán pasar apeteciéndolo de balde, otros dicen que si se va a hacer semejante inversión mejor sería para traer petróleo, pero han terciado países que ven en riesgo sus intereses. Finalmente prefirieron posponer la discusión y ver cómo seguía la fiesta.

En un jardín extenso que hay detrás de la casa se organizaron juegos y exhibiciones de animales fantásticos. Como siempre, la chica del unicornio conmovió a todos y estuvo a punto de llevarse preseas, pero un grupo de muchachos dijo que ya estaba bien de cursilerías, que el símbolo estaba muy sobado (un mexicano de la capital que estaba a mi lado dijo tírame algo para almidonar el gobelino y soltó una carcajada pero no fue coreado porque los demás no supieron a qué se refería); un grupo de sirenas con todas sus características intactas estuvo haciendo una especie de ballet acuático en un estanque grande que queda antes de la inmensa planicie en la que corrían los centauros y los hipogrifos jugando a la pelota; un pegaso muy graciosito hacía de árbitro saltando de aquí para allá con el silbato de señales y castigando a los hipogrifos que se levantaban con la pelota, la llevaban al otro lado de la cancha y se sumergían por instantes en el agua. Lo curioso es que las sirenas se hundían también un rato y aparecían con nuevas sirenitas recién nacidas entre los brazos; un prodigio.

El hombre del sillón se agita de vez en cuando pero se ve que sigue más bien interesado en dormir. Está vestido de manera un poco extraña; es evidente que consiguió un sastre heterodoxo que aceptó coserle un frack de mezclilla; se ve chistoso el pingüino azul; ahora, como está echado en el sillón no se aprecia, pero durante toda la fiesta lo vimos ir y venir con su elegante atuendo de faldones y con la pajarita un poco desmañada sobre el cuello de la camisa, también vaquera. Pero esperen. Se mueve. Más bien, se agita; parece que le ha dado otro acceso de tos. Pobre, todos los que hemos querido charlar con él lo hemos tenido que hacer por escrito porque no puede enhebrar tres palabras juntas sin que le venga el incordio. Ayer dijo que el tratamiento que ahora le están dando seguramente resolverá el problema. Y ojalá que sí, oigan, porque si el próximo cumpleaños sigue así yo creo que la celebración va a desmerecer. Aunque de todos modos, superar esta no va a ser fácil.

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20 Febrero 2008

Pre soneto en un quiosco

En el quiosco de un jardín recoleto y deliciosamente aromado que queda en algún lugar al oriente de la casa apareció de pronto alguien, de seguro con información privilegiada acerca de que hoy no habría poema y a quien con toda evidencia se le habían pasado las copas pues tenía un faldón de la camisa fuera del cerco del cinturón y se puso a declamar este despropósito. De más está decir que en cuanto terminó lo mandé a otro lado para distraerlo y me regresé a limpiar el quiosco.

PRE SONETO EN UN QUIOSCO

Reyes, obispos, magnates,
cardenales tonsurados,
millonetas, purpurados,
el zar de los aguacates,

el señor de los tompiates
y todos los delegados
de los sitios encumbrados
han entrado en los debates:

cuál es el diario mejor,
qué bitácora prefieres,
quién es el que te llegó

y todos claman: Jor, jor,
si ver el mejor prefieres
es alejandroaura blo.

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26 Julio 2007

El espejo encantado

Ahora no voy porque me resulta muy agotador pero los primeros años que viví en Madrid solía ir con frecuencia los domingos al Rastro; sobre todo los primeros meses, cuando monté mi casa, porque de México no me traje prácticamente nada más que unos equipales, algunos cuadros y unos pocos libros. En el Rastro, ese hervidero comercial de cuanto hay de los domingos, encontré algunas maravillas porque lo mismo venden allí trapos de todo tipo para ponerse que chucherías, vejestorios, antigüedades y desperdicios. Compré un ropero decorado que pensé habilitar como cantina, aunque después se impuso su verdadera vocación y se quedó para guardar los abrigos de invierno; compré un espejo grandísimo enmarcado que al verlo supe cuál sería su lugar y el efecto que haría en la casa: entras y si miras a la izquierda, hacia el pasillo que da a los dormitorios, te encuentras con una imagen repetida de ti mismo mirando hacia el pasillo que da a los dormitorios. Un día me puse a regatear por un caballo de piedra antiguo que ni se me ocurría para qué podía quererlo; finalmente llegamos a un acuerdo y lo merqué; allí está el caballito, que pesa como si fuera de verdad, de macetero.

Otros muebles tengo que provienen de ese mercado de pulgas, como una cajonera que ha sido utilísima para guardar de todo y unas lámparas de barco que quedaron discretamente ubicadas en varios lugares de la casa. Esas las fui comprando poco a poco; primero encontré unas pinchitas pero que quedaban muy bien en un pasillo, luego una medianona que escogió el comedor para quedarse y por último compré una grande que se acomodó de perlas en un recoveco del salón en donde permanece desde entonces a resguardo de todos los vaivenes marítimos que pudieran recordarle zangoloteos infaustos. Un domingo me encontré con un azulejo dizque antiguo que me gustó para que adornara alguna pared de la casa; lo compré y estuve hablando con las paredes para que me dijeran cuál lo quería tener. Yo, me dijo una del salón, y ocurrió lo que ya conté el 17 de mayo pasado, a donde os remito para que completéis vuestra información. Que podéis complementar con la referencia de imágenes del mismo día.

Pero la pieza estelar es un espejo mágico que me encontré un domingo. Es cosa antigua y debe haber servido en casa de alguna princesa encantada de donde obtuvo la facultad de iluminarse con sutiles matices a cualquier hora del día. Tú ves el salón y captas una determinada intensidad de luz, según la hora del día y dependiendo de que estén abiertas o cerradas las persianas porque sea verano o invierno, pero volteas a ver el espejo redondo con su grueso marco de mediacaña dorada y ves luces que no existen, que no están aquí, que el espejo trajo de otra vida que tuvo, una en la que los reflejos de la felicidad daban destellos a un ambiente de agua y cristales que se le quedaron dentro y que el hombre que me lo vendió no supo ver porque de haberlo sabido me habría cobrado todo el oro del mundo por el espejo encantado.

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24 Julio 2007

El Solitario

Hay algo encantador en los malos. Tal vez por eso el mito de la serpiente nos es tan entrañable. Uno está con la justicia, claro; pero hay un secreto anhelo de que el malhechor se escape, tenga ese juego de astucias oportunas que le permitan burlar a los representantes del orden que por lo general no cuentan con una especial simpatía y que pueden ser unos u otros. Actúan con cuadrícula ejemplar sobre la página de los hechos delimitando con las herramientas de la lógica el espacio en que el héroe se mueve. Pero él es un manojo de recursos. No en vano se llama héroe al malhechor de las películas, cuando la palabra había servido para designar al que hace por los demás el sacrificio máximo: los héroes de la Independencia, los héroes de tal o cual batalla. Los héroes griegos, no obstante, no se sacrifican más que por sí mismos, por su propia fama, y no tenemos sobre su comportamiento una mala opinión, aunque hayan sido tan depredadores como Hércules, tan ojetes como Jasón o tan mentirosos como Ulises. Hay algo en romper el orden que nos parece de un atractivo irresistible. El que se atreve, en la escuela, aunque lo expulsen, lleva colgada en las solapas la admiración de la mayoría, porque se atrevió a hacer lo que todos hubiéramos querido y no pudimos.

Ayer prendieron al criminal más buscado de España, el Solitario. Un atracador de bancos que actuaba solo, como su sobrenombre indica, y del que había muchas imágenes de vídeo ingresando a los lugares del crimen, como dicen, que sin embargo servían para poco. En todas aparecía disfrazado con barbas, bigotes, lentes oscuros, peluca, un chaleco antibalas que lo hace verse mucho más grueso de lo que es, y con las armas metidas debajo del abrigo; ayer llevaba dos pistolas y una metralleta. Y lo pepenaron en Portugal en el momento en que iba a entrar a trabajar. Ya lo venían siguiendo. Se metió primero a un café en el que tres agentes estaban listos para detenerlo; salió de allí y se desplazó al estacionamiento para disfrazarse dentro de su coche; acto seguido, se dirigió al banco, cruzando muy civilmente por el paso de cebra, y al disponerse a ingresar, supongo que en el momento de mayor descarga de adrenalina, porque aunque fuera su asalto número taitantos me imagino que necesitaba una descarga fuerte de algo químico, un levantón, que le diera el valor para entrar y disponerse a matar si la situación lo requería, cuando, como dice el corrido, pistola en mano se le echaron de a montón.

Jaime Jiménez Arbe, 51 años, tres homicidios, decenas de atracos en los últimos 13 años, en los que astutamente se burló de la justicia, detenido en Figueira da Foz, Portugal, por las policías portuguesa y española en conjunto; no hizo el servicio militar porque le diagnosticaron paranoia; vivía en Las Rozas, Madrid, con dos hijos y la madre (de él); los vecinos lo tachan de conflictivo. Nunca cambió el disfraz. Una y otra vez -¿con poca creatividad?- usó los mismos recursos, los mismos elementos de enmascaramiento. Claro, ya detenido pierde todo su encanto; qué bueno que una vez más triunfó la justicia. Fiu.

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23 Julio 2007

Educación para la convivencia

Quien lo ha tenido todo difícilmente se aviene a la disminución de sus privilegios. Como le pasa a la iglesia católica en España, que fue, desde la toma de Granada, el bastión del Vaticano en Europa y el principal promotor de esa religión por la vía de las conquistas en América: a sangre y fuego sumó millones de adeptos nuevos a su causa. Su permanencia ha sido larga. Larga y continua. El estado, al margen de la ideología de quien gobierne, subsidia hoy día con una muy considerable cantidad a esa institución por la vía del presupuesto hacendario y hasta hace nada esa iglesia tenía la facultad de impartir la educación religiosa, por cuenta del estado, en la educación pública. En esta legislatura, los españoles han decidido mayoritariamente -cosas de la democracia- cambiar la obligatoriedad de esa asignatura y sustituirla por una más acorde con los tiempos y de mucha mayor urgencia real: la educación para la ciudadanía, basada en la interpretación de las obligaciones y derechos que tienen todos los ciudadanos para convivir de manera pacífica y constructiva, a partir de la Constitución que los rige.

Pues se ha abierto -como dicen por acá- la caja de los truenos: la jerarquía religiosa, junto con algunas asociaciones de padres de familia y por supuesto la oposición política representada por el partido de la derecha, el PP, -no perder de vista que el año próximo hay elecciones generales- han anunciado que se opondrán con todas sus fuerzas, incluyendo la movilización callejera y la apelación a la objeción de conciencia, a la puesta en marcha del cumplimiento de lo que las leyes actuales de España han sancionado en materia de educación. Quieren convencer a los españoles de que la Educación para la Ciudadanía es un atentado contra sus libertades (¡!). Ayer el presidente Zapatero habló fuerte en relación con el tema: “ninguna fe puede oponerse a la soberanía popular que reside en el Parlamento, ni a las leyes que de la misma dimanan”.

Curiosa situación desde la óptica de los mexicanos que tenemos un estado separado de la iglesia desde hace prácticamente un siglo y medio, gracias a las llamadas Leyes de Reforma plasmadas en la Constitución de 1857. Desde esa lejana fecha el estado se hace cargo de los asuntos terrenales y la iglesia -las iglesias- de los asuntos espirituales de su credo. Esto no quiere decir que la iglesia católica no busque por todos los medios posibles aumentar su influencia política, sobre todo desde el sexenio de Salinas de Gortari que le devolvió muchos fueros a esta confesión al haber establecido en 1992 relaciones diplomáticas con el Vaticano y haber hecho modificaciones a las leyes de culto, pero conviene que los mexicanos vean las enormes ventajas de mantener la anterior correlación de fuerzas entre la iglesia y el estado, al margen de la ideología que se profese. O lo que es peor: cuando veas las barbas de tu vecino cortar pon las tuyas a remojar.

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22 Julio 2007

Injurias a la Corona

No tengo, como mexicano que soy, un vínculo de reconocimiento ancestral de la monarquía sino, por el contrario, de rechazo a la jerarquización que deja en los linderos de lo divino a unos cuantos mientras califica a todos los demás de simples mortales. En España, hay que decirlo, la familia real se ha portado de manera ejemplar; el rey Juan Carlos ha sido un jefe de estado muy formal, discreto y cumplido y ha avalado oportunamente la democracia constitucional que rige al país, y su familia ha sido de lo más serio que puede pedirse a quienes podrían disfrutar de los placeres de la frivolidad económica y social que se derivan de pertenecer a esa escandalosa minoría de las monarquías europeas. Para decirlo breve: me caen bien y me merecen todo el respeto el Rey, la reina, sus hijos y sus nietos. Felipe parece un hombre esforzado en constante preparación rigurosa para asumir, cuando le toque, la responsabilidad de dirigir el estado español.

Pues resulta que hay un escándalo porque una revista de humor publicó en su portada una caricatura en la que está Felipe follando con Letizia, su legítima esposa, con la que tiene ya dos hijas -lo que quiere decir que el ejercicio no les es ajeno-, mientras comenta que los 2,500 € que el gobierno ha ofrecido por cada hijo que se tenga harán que lo que están haciendo sea lo más parecido a trabajar que haya hecho en su vida. A lo que un juez respondió mandando secuestrar la edición de la revista en todos los puntos de venta por agravio e injurias a la Corona y que ayer el fiscal general de la nación haya avalado la decisión del juez. Un escándalo mayúsculo. La libertad de expresión en el centro del debate frente al control de la opinión pública por parte del estado.

Al caricaturista le parece que el Príncipe de Asturias es un ciudadano como cualquiera que debe pedir su estipendio por tener hijos y a los guardianes de la Casa Real les parece que las personas a quienes resguardan no pueden ser tocadas con la bajeza de lo humano y la ruindad de los actos e intereses cotidianos. Piensan también que la desnudez de los personajes –como si no se asoleara todo el mundo desnudo en las playas, y que no es fotografía sino caricatura- es ofensiva y más el acto reproductorio en que están retratados, cuando han hecho motivo de divulgación el embarazo y alumbramiento de las hijas, aunque hay que reconocer que han sido enormemente discretos en todo lo que atañe a la chismografía que pudiera haber circulado en torno a estos hechos.

Ya veremos cómo evoluciona el caso porque tiene que ver con lo profundo del alma española actual. En ese debate entre el pasado franquista que defiende el PP, cada vez con más radicalismo (y en este caso, sectores activos en la administración pública), y la modernidad europea que intenta representar el actual gobierno (aunque caras vemos), yo me pronuncio a favor de la libertad de expresión. Con todo lo respetables que me parecen los personajes, como ya dije, creo que también es respetable el dibujante que hizo la portada de la revista, me guste o no, y su personal visión de la política real. Y oportuno, porque ha multiplicado por miles a los interesados en el tema. A ver cómo reaccionan el gobierno y el partido en el poder. Veremos si da para más.

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21 Julio 2007

Un sobrino salvaje

Recordarán ustedes las fábulas de los niños salvajes, esas historias en las que aparece de pronto un ser que se extravió en la selva y contrario a lo que indica el sentido común ha crecido sin contacto humano, acogido por las fieras y por lo tanto sin uso del lenguaje y carente de los signos de identidad de la especie. El más famoso es Tarzán porque tuvo la fortuna de entrar al cine por la puerta grande de las superproducciones holybudenses pero hay otros casos; al menos una película francesa de tonos muy antropológicos, que recuerdo, creo que de Truffaut, y seguramente muchos libros que ignoro pero no por mi ignorancia dejarán de estar allí. Si no existe ya pronto harán el libro y la película de esa chiquilla camboyana que apareció el año anterior después de haber desaparecido en la selva creo que diez o doce años antes y que fue noticia en la prensa mundial: una hembra humana de mirada extraña que sin embargo iba poco a poco aceptando los acercamientos y mimos de quienes decían ser sus padres y que quién sabe en lo que habrá parado porque dejó de ser noticia y se esfumó. Un antropólogo español estaba implicado en el caso, creo, porque lo llevaron como profesional a dar su opinión.

Bueno, pues resulta que en el sueño me salió un sobrino salvaje pero con un salvajismo bastante peculiar. Éste no era uno perdido en la selva ni criado por lobas o tigresas sino un niño normal, que en mi sueño podía tener diez u once años y con una camisa de cuadros tipo vaquera, hijo de una hermana y al que llevaba yo de visita a una casa en la que había varios otros niños de diversas edades; de visita o se había quedado a dormir allí. Ya tenía yo que recogerlo e irnos y en ese momento me daba cuenta de la enormidad de su salvajismo: era un niño que no conocía el mundo de las computadoras y para quien el ordenador era un completo enigma. Mi hermana, la responsable de su educación, había omitido por completo la enseñanza de lo cibernético, desde el más elemental acercamiento y el pobre chamaquito era un completo salvaje, lo notaba yo, que me proponía ayudarlo a resolver la situación, y lo notaban los otros niños que lo miraban como una auténtica curiosidad. Por desgracia fue uno de esos sueños deshilachados que uno al despertar no puede configurar de alguna manera y darles cuerpo porque lo suyo es ser jirones y evanescer en el aire cuanto más se les quiere atrapar.

No tengo fichero de notas periodísticas ni retentiva suficiente en mi cabecita loca para tener a la mano el caso de la mujer oriental de hace unos meses ni la infinidad de historias relacionadas con el tema pero eso es lo de menos porque ahora la memoria y la información son cosas colectivas: pongo el caso aquí y pido ayuda y alguien en un santiamén sabrá a qué me refiero y me orientará acerca de cómo iniciar la búsqueda, que tardará segundos en completarse, a través de los servicios del tío Google y así comprobaré una vez más que salvaje, lo que se dice salvaje, no soy, que estoy metido hasta los codos en la civilización de mi tiempo y que el pobre sobrino de mi sueño es alguien que puede ser fácilmente redimido. Lo más inquietante es qué tipo de mensaje quería mandar mi subconsciente a mi sistema de raciocinio, y allí es donde la puerca tuerce el rabo: nunca he sabido interpretar los sueños. La que es buena para hacerlo es Milagros.

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20 Julio 2007

La verdad tiene dos caras

Uno de los efectos más pertinaces de la quimio ha sido el endurecimiento de la planta de los pies. Durante mucho tiempo me quejé de que la almohadilla o puente entre los dedos y el arco, estaba como hinchada y tenía una sensación equiparable a la de encía inflamada; pues poco a poco se ha ido extendiendo al resto de la planta de ambos pies, y lo peor es que he comenzado a detectarlo en las manos, en las yemas de los dedos, que desde hace algún tiempo están con un hormigueo que aumenta poco a poco. Todo fuera como eso, claro, hay cosas mucho peores. Tenemos una relativa flexibilidad en la planta de los pies; uno estira los dedos o los encoge y toda la planta del pie se activa; pues en mí no: se manifiesta, sí, pero en su dureza e incomodidad. No; en ningún momento llega a ser dolor, sólo es molestia. Un acartonamiento sin gracia cual ninguna. Como si fuera perdiendo territorio. Un médico me dijo –no sé si sea cierto- que es a causa de los metales de la quimio que, al no poder eliminarse, caen por gravedad y se asientan en las extremidades. Bonita cosa. Por mí que me hagan unos cortecitos y me pongan un imán.

Imagino las bolas de aserrín metálico que se irían haciendo y que yo guardaría cuidadosamente con sus destellos luminosos en una cajita forrada de terciopelo rojo como remembranza romántica de cuando los metales preciosos -preciosos tienen que ser, porque ni modo de creer que le metan a uno plomo o fierro viles- corrían por los pasillos y salones iluminados del caudal de mi sangre engalanando las fiestas y saraos que se organizaban para despedir a las peores células, las más díscolas que se habían manifestado y menos disciplina y orden guardaban en relación con las demás. Ah, qué guateques se armaban, cómo corrían ríos de vinos espumosos, rojas fuentes de tintos que abastecía el propio Dionisos sin descuidarse nunca, grifos de oro brillante de los que brotaban unos rones que en su origen habían sido jugos de cañas dulces mecidas bajo soles tropicales y maduros, y mezcales del desierto, de agaves crecidos con la certeza de que el sol se ha muerto en el zenit y nadie ha dado la voz de alarma porque no hay un alma, que manaban de damajuanas inmensas que nunca se agotaban.

Y entre estas dos vertientes de la realidad me debato. Una cosa y otra son ciertas. La verdad es una chiquilla que se deja escoger para bailar con ella. Nos mira siempre con una sonrisa enigmática, espigada en su vestidito de tela simple floreada y abierto el escote provocador, retándonos para que la consagremos en el altar de las divinidades o la llevemos arrastrada de las greñas a nuestro cubil de solitarios. Y cada quien sabe con cual de las advocaciones de la verdad se queda a la hora de definirse. Mire usted, señor, la mera y pura verdad es que tengo las patrullas duras, como encallecidas y eso, si no me lo toma usted a mal, es también motivo de fiesta, porque, mire usted, cuando calibro lo que queda y lo que se va me alegra un montón tener estas pequeñas rémoras a cambio de seguir tirando -buey que es uno- con el peso de mi muy personal e íntima carreta; ¿me agarra la onda?

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19 Julio 2007

Sansón y la justicia

Ayer leí una novela de Robert Louis Stevenson que se llama El Weir de Hermiston, una novelita inconclusa, por desgracia; se murió y la dejó a medias, aunque su amanuense nos cuenta cómo pensaba continuar y terminar. Trata de una relación padre hijo entre un juez frío, severo, imperturbable al aplicar la justicia, y su hijo sensible, delicado, humanista, inclinado a la reflexión y al análisis del comportamiento humano. Pocas veces he leído un texto en que el autor despliegue más conocimiento de los inagotables matices del alma humana, de las posibilidades de explicación que tienen los movimientos más insignificantes de la conducta; un tono, un volumen de voz, la dirección de una mirada, la manera de anudarse un pañuelo, pueden constituir la más acabada expresión particular y colectiva del alma de las personas y del alma de los pueblos. Es una lástima que la novela se haya quedado a medias; se echan de menos las justificaciones con que el novelista habría legitimado el hecho de que el padre condene a muerte al hijo único por contravenir la justicia.

Así que cogimos la carretera primero hacia Valencia y luego derechito a Madrid; no me detuve más que a cargar combustible de coche y de persona, diesel y pinchos de tortilla, con un aconsejado descanso de media hora, y por la tarde estábamos en casa, hogar dulce hogar, casita linda, mi rinconcito, mi lugarcito consentido. No lo noto mientras estoy en ello, pero sí me cansa manejar; no como caminar, que me pide sentarme al poco rato; manejando no me doy cuenta, no siento ninguna incomodidad, pero cuando llegamos al destino y traigo tres o cuatro horas de conducción, aunque haya venido sentado cómodamente, me derrumbo. Y así me derrumbé, como el edificio que tira Sansón conmoviendo con renovada fuerza hercúlea sus columnas para vengarse de tres mil filisteos que estaban allí para entretenerse a sus costillas. Y a propósito: pienso si todo no será por culpa de mi peluquero que me tiene con la cabeza casi rapada; es cierto que yo le dije que lo cortara sin miedo, que se fuera hasta abajo, que ya crecería, que bla bla bla, pero es probable que yo ignorara -y él no- que mi fuerza radica en la longitud de mis cabellos y por eso ando tan apendejadillo. No sé, habrá que esperar a que me crezca.

Y por lo pronto, desayunar, bañarse, integrarse a las rutinas domésticas. Hay que ir al mercado porque no tenemos fruta y eso me resulta imperdonable; no es desayunar comer algo que no vaya precedido por la dulce frescura de la fruta. Así que cerremos el capítulo de la bitácora de este día, dejemos de pensar en agregarle historias y sucedidos y emprendamos con seriedad las obligaciones del día. Porque en el cumplimiento del deber está la explicación de todas las cosas. Y su más alta justificación. Tal vez en el mercado Antón Martín encuentre la razón de esta inquietud que de pronto me impele a precipitar los acontecimientos del día y poner a riesgo la punta de mi nariz. Nunca se sabe, el futuro se está construyendo como las llamas de una hoguera y no se sabe nunca hasta dónde llegarán las lenguas del fuego.

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