1 Abril 2007

Desánimo relativo

Me resisto. No quisiera escribir nada este día. No tengo ganas de cerrar el capítulo del libro de poemas. Ah, si pudiera volver a empezarlo, si algún conjuro pudiera hacer que todos los que lo han leído se olvidaran y yo pudiera volver a presentarlo como una novedad. ¿Pero para qué voy a publicar dos veces seguidas el mismo libro? Es absurdo. Como si no hubiera tantas otras cosas escritas y por escribir que están esperando el paraíso de la hoja que va a ser leída. El paraíso o el infierno. Según. Pero no, no es eso lo que me inquieta, no es la idea de que lo próximo pueda ser un infierno; estoy seguro de que no lo será. Ni por lo que escriba ni por la cantidad de lectores adictos que una vez vueltos de las vacaciones, con vigor renovado, se aplicarán a buscar el espíritu oculto de estas páginas.

Es eso lo que me tiene sin ganas de escribir, saber que es domingo y que han empezado las vacaciones de Semana Santa y hay poquísimos lectores activos. Aunque sé de sobra que es una apreciación subjetiva que se deriva del hecho de haber podido cotejar todos los días cómo aumenta el cómputo de visitantes y la conciencia de que esta semana, haga lo que haga, habrá poca respuesta, las gráficas se irán para abajo; y no hay nada que hacer porque montones de lectores posibles no harían caso de mis requerimientos de atención e incluso pensarían, con razón, que qué imprudencia importunarlos en su descanso. Qué distinto sería si hubiera salido ya el libro publicado en papel, tendría una expectativa diferente, estaría pensando que ojalá que sus posibles lectores se lo hubieran llevado para leerlo en estos días de descanso. ¡Ay, tío Einstein, qué relativo es todo!

De modo que ¡ánimo!, me digo, ¡sursum corda!, el trabajo es el trabajo y el que uno ha elegido tiene que hacerse lo mejor posible. Y de todos modos no puedo poner un letrero que diga “cerrado por vacaciones” en este blog, no porque físicamente no pueda, porque podría poner una letras grandotas atravesadas, sino porque no tiene sentido: no estoy de vacaciones y sería ridículo fingir que me fui de viaje; no faltaría alguien que me pidiera narrar lo que vi y tendría que mentir o acabar confesando la verdad. Que no sería otra que la que ya he contado.

Así que nada, aquí va el “Colofón”. Más claro ni el agua.

COLOFÓN

He estado revisando la historia y resulta
que todos han muerto. Todos, todos.
De manera que esa secreta esperanza que yo tenía
no encuentra fundamento. No sé qué hacer.

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31 Marzo 2007

El arcano de Moaa

En la columna del lado izquierdo de la página hay un contador de visitas (al que todo mundo puede acceder); yo lo veo con frecuencia para saber cuántos lectores entran cada día y de dónde son, porque además del número tiene un mapamundi que da la localización geográfica, y eso es la mar de divertido. Hay un lector en Galicia al que este servicio ubica en un sitio enigmático y misterioso, con un nombre que me hizo pensar en países ficticios, en entidades geográficas inexistentes en la vida real pero producidas por imaginaciones pródigas y erráticas como la de Lovecraft: Moaa. Imposible preguntarle al tío Google porque se remite a lo que sabe y me manda a Military Officers Association of America y estoy seguro de que semejante organización no puede estar en Galicia y si estuviera no creo que fueran lectores de mi bitácora. Recurro entonces al rupestre recurso de revisar el mapa de España que tengo adosado a la pared, pero con el gesto escéptico de quien sabe que no va a encontrar nada parecido. Pues me equivoqué, sí hay algo parecido pero se tiene que acudir a esas guardadas dotes de detective que todos atesoramos ocultas en los pliegues de nuestro misterio personal: claro, tanto el contador de visitas como Google usan el idioma inglés y por supuesto carecen del privilegio de conocer la divertida y utilísima eñe, por lo que simplemente la omiten como si se tratara de una humilde hache muda; el lugar es Moaña, en la ría de Vigo. De todos modos me quedé pensando quién puede ser el incógnito lector de un lugar que pasa a los mapas en inglés con ese inquietante nombre; algo se le ha de pegar.

Ya sé que es sábado, ya sé que es de los días más flojos en el blog, y peor porque empieza la Semana Santa y las aguas de la rutina están todas revueltas y todos andan con la cabeza en otra cosa y los trebejos junto con la atención en las maletas, ya sé que habrá pocos lectores pero me comprometí a publicar un poema diario y hoy toca “Despedida”, con el que casi se cierra “Se está tan bien aquí”; digo casi porque mañana hay un colofón y ese sí será la última página. Todavía no he pensado con qué empezar el lunes pero como también son vacaciones creo que buscaré algo que no me comprometa a una continuidad extensa como un libro de poemas. Estén pendientes; digo, los que vayan a estar. La ventaja es que uno, entre cuando entre, puede ver todas las páginas anteriores que le falten.

Yo aquí voy a estar como esas madres sufridas: anden, hijitos, diviértanse ustedes que pueden, vayan y gocen de la vida, yo aquí voy a estar por si se les ofrece algo, porque pues yo qué, yo de todos modos tengo que estarme quieto cuatro o cinco días mientras el medicamento actúa. No se les olvide, si se sienten tristes, si las vacaciones no son lo que esperaban, si extrañan la casa, aquí voy a estar, ni a la esquina salgo.

DESPEDIDA

Así pues, hay que en algún momento cerrar la cuenta,
pedir los abrigos y marcharnos,
aquí se quedarán las cosas que trajimos al siglo
y en las que cada uno pusimos nuestra identidad;
se quedarán los demás, que cada vez son otros
y entre los cuales habrá de construirse lo que sigue,
también el hueco de nuestra imaginación se queda
para que entre todos se encarguen de llenarlo,
y nos vamos a nada limpiamente como las plantas,
como los pájaros, como todo lo que está vivo un tiempo
y luego, sin rencor, deja de estarlo.

¿Se imaginan el esplendor del cielo de los tigres,
allí donde gacelas saltan con las grupas carnosas
esperando la zarpa que cae una vez y otra y otra,
eternamente? Así es el cielo al que aspiro. Un cielo
con mis fauces y mis garras. O el cielo de las garzas
en el que el tiempo se mueve tan despacio
que el agua tiene tiempo de bañarse y retozar en el agua.
O el cielo carnal de las begonias en el que nunca se apagan
las luces iridiscentes por secretear con sus mejillas
de arrebolados maquillajes. El cielo cruel de los pastos,
esperanzador y eterno como la existencia de los dioses.
O el cielo multifacético del vino que está siempre soñando
que gargantas de núbiles doncellas se atragantan y se ríen.

Lo que queda no hubo manera de enmendarlo
por más matemáticas que le fuimos echando sin reposo,
ya estaba medio mal desde el principio de las eras
y nadie ha tenido la holgura necesaria para sentarse
a deshacer el apasionante intríngulis de la creación,
de modo que se queda como estaba, con sus millones,
billones, trillones de galaxias incomprensibles a la mano,
esperando a que alguien tenga tiempo para ver los planos
y completo el panorama lo descifre y se pueda resolver.
Nos vamos. Hago una caravana a las personas
que estoy echando ya tanto de menos, y digo adiós.

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30 Marzo 2007

Serenidad y paciencia

Hoy es el último viernes de marzo, mañana aparecerá el poema de despedida y el domingo un colofón. El lunes habremos de empezar con otra cosa. Está pendiente el rimero de anotaciones con que he tratado de no olvidar algunos momentos de actividad y diversión en la cocina y que nunca ha acabado por volverse libro de recetas gracias a mi desordenada costumbre de decir un poquito, tantita, un puño, cualquier cosita y otras imprecisiones a veces aun más escandalosas donde se espera que uno diga tres unidades y un octavo de cuarto, ciento ochenta y dos gramos o diez y siete decilitros y medio. No obstante, el fin de semana, mientras el carboplatino hace sus excursiones, galas y funciones de beneficio en el laberinto curioso de mis células, habré de reflexionar sobre el contenido del siguiente diario, porque también hay dos o tres o cuatro libros de poemas que reclaman que si este es un blog de poeta se les dé chance de hacer su aparición. Procuraré tener serenidad en medio de la batalla interna y darle a cada cosa su lugar.

Por lo pronto volvamos al libro que nos ha tenido ocupados y reunidos este mes y medio. Un libro no es un examen profesional, no es una tesis, no es un ejemplo de lo que deben ser los libros sino un cuerpo vivo con sus funciones vitales, sus éxtasis, sus situaciones incómodas, y latiendo en toda su extensión la ansiosa construcción de su alma. Hay libros con alma y libros desalmados. Este pobre se debate hasta el final por construir su alma. Como hacemos todos, aunque haya apabullantes diferencias en los resultados.

TEQUILA Y VIDA

El que acaba de comer
y no se toma un tequila
es que ha perdido el norte
ve hacia todos lados
y no sabe qué hacer
o está enfermo
o ya se quiere morir
porque hay algunos que ya se quieren morir
y entonces comen y no se toman un tequila
porque así hay gente.

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29 Marzo 2007

Cosas de palabras

Casi acabamos el libro. (Pero vamos a empezar otro, no os apuréis.) Yo creo que nunca tuve la suerte de tener el mismo día a tantas personas que leyeran mis poemas y dudo que muchos otros poetas la hayan tenido. (A lo largo del tiempo sí, claro que sí, o en una lectura pública, pero leyendo el mismo día… Bueno, sí, por supuesto: los suplementos literarios de los periódicos; pero ahí los lectores no van directo o en exclusiva al poema; no van y buscan sino que el suplemento viene con lo demás del diario.) Claro que no es mérito mío sino del medio; pero qué medio sorprendente es éste que puede convocar a tanta gente al mismo tiempo y no es que diga que este blog en particular tiene muchos lectores sino que los blogs en general pueden lograr este prodigio.

En el caso del poema de hoy, me encanta que empieza como un bolero, sin que evoque a ninguno en particular -desde mi pobre conocimiento del género-, para salir inmediatamente después con el golpe en la nuca de un conejo. Otra cosa que me entusiasma es que pude usar con naturalidad una palabra que jamás había escuchado en la boca de nadie y la oí en el conductor de programas Iñaki Gabilondo en un noticiario de tv.:

lábil.

(Del

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28 Marzo 2007

¡Sigue la mata dando!

Otro de los tres que faltaban era este, que tuvo una versión anterior con la que parecía haber quedado fijado y contento y de pronto se modificó y se presentó tal como es y será para siempre. En esto de las versiones compactas, hay poemas que se imponen, que vuelven a la cabeza del poeta a pelear por su forma definitiva, a reclamar su ser de hijos adolescentes, y están dale y dale como aquella fórmula que cantábamos de niños: “Yo sé, yo sé, yo sé la manera, de dar, de dar, la lata a cualquiera. Yo sé…” y podíamos estarnos horas con la cantaleta. Pues así son algunos poemas, que vuelven y vuelven, hasta que sienten que les hacemos caso, que no estamos en otra cosa más que en su asunto y que les damos toda la libertad para manifestarse hasta que les concedemos el gusto mayor: los soltamos para que vayan solos por la vida. Había otra palabra en lugar de asombra que ahora no puedo o no quiero recordar, pero cuando se manifestó en su forma definitiva ya no hubo manera de pensarlo de otro modo. Y más que pensarlo, verlo; porque este no es un poema pensado sino visto.

Por cierto: con éste, creo, se me ocurrió que debería escribirlo a mano en hojas de papel grandes, enmarcarlas y hacer una exposición en alguna galería. Junto con otros muchos breves, por supuesto, de éste y de otros libros ya publicados. Estoy seguro de que habría tenido cliente al precio que fuera porque es un poema que puede presentarse en cualquier circunstancia sin que se pierda el decoro. Me atrevo a decir, haciendo mucha concesión, que es un poema críptico, aunque es evidente, para quien quiera verlo, que se trata de un poema erótico de alta densidad. Y que no tiene escapatoria, no hay cómo leerlo de otra manera. A menos que uno lo lea como palabras sin sentido.

Su lugar en el libro era entre “Las campanas de Santiago” y “Con qué nuevos ojos te veré”; es decir, entre el 9 y el 11 de marzo, porque el 10 publiqué, en su ausencia, un breve texto en prosa al que le tengo mucho cariño aunque reconozco que es un poco ingenuo. Así que mañana y el viernes aparecerán los que seguían en el orden en que íbamos, el sábado saldrá la despedida, que era otro de los enajenados, y el domingo cerraremos esta primera edición de “Se está tan bien aquí”, con un colofón. Avísenle a todo el mundo porque yo creo que es la primera vez que se hace la edición de un libro de poemas a la vista de todos y que se ve la carne viva del editor, que en este caso es su propio autor.

TRIÁNGULO

Me asombra
tu garabato
que unas veces
es sombra
y otras veces
es gato.

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27 Marzo 2007

Un nopal en tierra extraña…


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27 Marzo 2007

¡Albricias: aparecen los que faltaban!

Acá en España, cuando quieren hacer notar que alguien tiene una personalidad adornada de rarezas y peculiaridades dicen de él que “es muy suyo”, y lo digo porque a mí me parece que la vida “es muy suya”, tiene infinidad de salidas sorpresivas e inesperadas para todas las cosas. Resulta que, como les dije ayer, me comía las uñas buscando la solución para que no se rompiera la continuidad de “Se está tan bien aquí” y no quedara trunco el libro, disminuido de tres poemas. Le mandé una notita comedida a Claudia Santa-Ana y se apresuró a contestarme, la mar de amable: que dispusiera de los poemas y los publicara y que de su parte les dijera a los lectores de esta página que no era su intención afectarlos, que no lo fue en ningún momento.

De modo que toda la novela que había yo ideado pensando cómo crear estímulos para que los lectores buscaran posteriormente el lugar que corresponde a los que faltaban entre las fechas de la bitácora, se me derrumbó como casita de palillos de dientes. Menos mal porque ahora sí puedo guiar a los interesados en la minucia hasta el lugar de los dos poemas que me he saltado y poner el de la despedida en su mero sitio. El primero, que es el que ayer nomás decía que se trataba de una revelación de identidad motivada por un elemento vegetal, un nopal -tan grande y hermoso que pide a gritos un estudio fotográfico de Adalberto Ríos Szalay- o como acá le dicen, una chumbera; una opuntia, pues, según su nombre científico, debe ir en la página correspondiente al 3 de marzo, cuando andábanosen Sanlúcar de Barrameda celebrando nuestro común cumpleaños y tuve tanta dificultad para poner aunque fuera algunas breves líneas en el blog desde un café internet.

¡Repámpanos!, ahora que he ido atrás en las páginas me doy cuenta de que el 3 de marzo hay dos entradas; una por la mañana desde Sanlúcar y otra por la noche, al llegar a casa. O sea que me sentía yo en falta tan aguda por no haber puesto el famoso poema que puse la sesuda reflexión de los “Jardines colgantes”. No es que estuviera mal, pero debo confesar que ese, que apareció en el rubro Asombros y sorpresas, era un texto un poco largo para las dimensiones que juzgo debe tener este espacio diario.

Así que corran a avisar a todos sus allegados que hoy aparece, por fin, “Un nopal en tierra extraña, o sorpresas en España”, uno de los que se habían quedado para aparecer huérfanos sepa dios cuándo; hagan listas de correo electrónico y avisen a todas sus conocencias el suceso, verán que todo el mundo queda complacido con su actitud y les agradece la información. Como se hace ahora cuando se quiere convocar para una manifestación o un boicot, un concierto o un acontecimiento social a todos los que son afines, pongan un pásalo en los recados telefónicos con que den la nueva.


UN NOPAL EN TIERRA EXTRAÑA O SORPRESAS EN ESPAÑA

Permíteme que empiece invocándote: nopal, patria mía,
obra de orfebrería.

En un aplauso al éxito luminoso del desierto estalla
como fragmentación espiritual de la metralla

¿qué es?

que en la calle Reina Mercedes, en Madrid, a la altura de don Quijote,
hay un nopal superior de enorme estirpe y estatura que en agosto,
acumulada toda la esmeraldina profusión de historia (de historias) que contiene
irrumpe en el presente bajo un cielo de cuarenta grados
más cuajado de tunas que de flores estuvo en primavera,

me mira con su cartabón de rimas a la carta: colosal, fenomenal, total,

nopal
nopal
nopal

mientras le voy diciendo,

ay amigo, qué estás haciendo
aquí tan lejos,
tus higos chumbos se caerán de viejos,

nadie te viene a ver ahora cuando tienes tunas,
capullos de misterios y fortunas,
opuntia no sé cuántos procedente de América,
porque no saben la riqueza con que cuentas:
la belleza esotérica,
la suave y cariñosa feminidad de rosa
con su coquetería de ahuates
institucionalmente ligada en sus penates
a una virilidad incuestionable de profeta.

Nopal patria mía,
tenme en ti,
seme tú,
sé conmigo
en la evocación, en la invocación, en la advocación patria,
mi patria, aquí también estás, patria mía, nopal.

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26 Marzo 2007

Recta final

Cuando empecé a publicar los poemas de “Se está tan bien aquí”, pensé que tenía material para mucho tiempo, que tardaría mucho en llegar el momento de pensar qué sigue, y resulta que ya se están acabando, que esta semana, creo que el viernes, saldrá el último y tendré que inventar otra cosa, explotar otra veta, recapacitar sobre este blog. Es cierto que cuando termine de publicarlo habrán faltado tres poemas que son los que me pidió Claudia Santa-Ana que no diera a conocer porque está preparando la edición de los autores que participamos, en octubre del año pasado, en la extensión Aguascalientes del Encuentro de Poetas del Mundo Latino, y los inéditos que escogió quiere tener el privilegio de que lo sean hasta que aparezca el libro; cuando acepté el trato no tenía idea de que se me fuera a acabar tan rápido el material. Ahora debo pensar qué hago. Una, es dejar las cosas como están y que el libro se quede chimuelo en esta versión virtual; la otra, sería ponerles fecha de aparición en este espacio de acuerdo con los intereses del CIELA Fraguas, de Aguascalientes. Me preocupa esta última opción porque se podría romper la continuidad y los tres poemas, me parece, son importantes para el libro: uno, es una revelación de identidad a través de un elemento vegetal, un nopal, encontrado en Madrid; otro, un poema erótico de apretada síntesis y altísima tensión, y el último, la despedida del libro y, en cierto modo, un testamento y una apreciación de bulto del jugoso fenómeno de la vida y su proyección en el tiempo. Y los tres son muy buenos, creo. No me queda más que apelar a la buena fe de quienes se asoman a esta bitácora para pedirles que cuando aparezcan los coloquen en el lugar que les corresponde, que yo procuraré decírselos, aunque la verdad no veo a nadie haciendo el ejercicio de rompecabezas de acomodar unos poemas que qué más da si van aquí o van allá. Ay, Alejandro, no te azotes.

Tampoco es cosa de asustarse; material tengo de sobra, y el prurito de lo édito o inédito se solventa de un plumazo: ¿cuántas personas, por ejemplo, han tenido oportunidad de leer mi anterior libro publicado en papel, “Poemas y otros poemas”? En mi opinión, poquísimas, porque la edición fue de trescientos ejemplares y la última vez que llamé a la editorial me dijeron que les quedaban como cien; es, además, un libro que no circuló en México y que en España estoy seguro de que habrá encontrado pocos cómplices. Mis libros previos están agotados, de modo que soy un autor prácticamente inédito. Yupi yapa, tengo material de sobra para seguir la fiesta.

Va un poema de íntimo recato.

COMO TODAS LAS VIDAS QUE SABEMOS

A ti me atengo,
con y sin religiosidad de por medio,
a tu casual hallazgo,
al privilegio de vivir junto a ti;
a ti me atengo para elucidar,
sin que sienta que me despellejan la piel,
algunos trozos de mi carne viva,
ciertas minucias magníficas
entresacadas de los secretos
con que está construido
el enigma mineral de mi vida,
como todas las vidas que sabemos.

A ti me atengo seguro
de que me guardarás el secreto
que te pida, la delicada intimidad
que requiera el miedo que me da
decir con sencillez ordinaria
las cosas que constituyen el episodio
más o menos singular de mis días,
como todas las vidas que sabemos.

Me atengo a ti sin que te ponga
responsabilidades ajenas al cariño
con que sueles tratarme cada día.
Me atengo a ti con sangre y con deseo
porque no soy otra cosa ni tengo
nada más para valerme que lo ciertas
que puedan resultar ser mis palabras.
Pongo en tus manos mis pasiones
no para que tú las legitimes sino
para que con tu naturalidad de muchacha
me ayudes a presentarlas al mundo
con el mejor vestido que se pueda
porque en ello me va la vida,
como todas las vidas que sabemos.

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25 Marzo 2007

La bestia que come horas

La sueltan el sábado en la madrugada cuando ya nadie está alerta, cuando prácticamente todos los trabajos están hechos y aquellos que requieren continuidad están, la mayoría, automatizados, cuando el músculo colectivo está más relajado y quienes no duermen están en la fiesta, en el paraíso de volutas magníficas de la conversación, en la reiteración del trago que propicia el acercamiento de los cuerpos, en el abismo personal de las desolaciones; cuando la distracción ha comprado a precios distintos la atención de unos y de otros y no hay ya disciplina en las miradas ni forma de ordenar un frente que encabece la defensa y ofrezca la batalla, le abren la jaula de ese lugar mítico en que la tienen encerrada y hambrienta y la dejan ramonear en todo el territorio, arramblar con las horas de todos, devastar el campo de la continuidad. Sacan a la bestia que come horas cuando nadie puede encabezar la resistencia y ésta se va jamando los sesenta minutos de la cuenta de cada quien sin ningún recato y resulta que uno amanece el domingo sin haber completado la dieta de sueños que le correspondía y con la sensación de que ya es tarde. Sí, una hora más tarde, así, sin más ni más. Y todavía, para más humillación, los medios nos avisan que hay que adelantar los relojes de las dos a las tres de la mañana.

Así que la mañana del domingo tiene una mordida. Y duele. Estaba yo soñando que luego de pasar una pequeña barranca en la que había un río de muy poco caudal pero antiquísimo llegábamos a unas ruinas que estaban restaurando unos chicos y chicas muy simpáticos; se llamaba La casa de las tinajas, pero las tinajas eran como esas inmensas jarras blancas esmaltadas que se usaban para llenar las jofainas antes de que hubiera salas de baño en las habitaciones, y las jarras, aunque estaban muy completas y blancas, quizás con sus bordes azules, tenían algunas escarapeladuras como las que siempre se les hacían a los recipientes de peltre; todas las bóvedas estaban profusamente pintadas con motivos alegres y colores frescos y me contestaban los restauradores que no había en ello más que afán decorativo, voluntad de belleza; de pronto, uno de ellos dijo que cómo no tenía cámara para retratar a esas prostitutas y yo le ofrecí mi teléfono móvil; toma la foto, le dije, yo luego te la mando por internet. Y enseguida me desperté, así temprano, como digo, pensando en el poema que corresponde al día de hoy.

La primera vez que leí este poema en voz alta -se lo leí a Milagros-, me vino a la mitad un llanto incontenible y fuerte, y debo decir que, en general, no soy llorón, que me quedó grabada a fuego la tontería cultural esa con que lo enjaulan a uno desde niño de que los hombres no lloran, que no sé de dónde sacamos, porque en lo que yo he leído, los héroes lloran cuando vale la pena y es necesario, y allí está el llanto tristísimo de Aquiles por Patroclo cantado sin recato; Rodrigo Díaz de Vivar sale de Burgos desterrado: “los ojos de mio cid mucho llanto van llorando“; me parece que en lo que ha reconstruido del pasado prehispánico don Miguel León Portilla, no hay empacho en llorar cuando la cosa lo amerita. Lloré sin poderme contener, con una desolación inmensa: qué corto es, ay, demonios, qué corto es el lapso de la vida y cómo nos reproducimos con tanta abundancia para suplir la brevedad del plazo. Y con esa percepción, la de que no pueda haber coincidencia con quien pasado un tiempo sabrá leer mis poemas. Sólo hay coincidencia en el tiempo a través del arte pero la vida no tiene duración ni podemos empatarnos unos con otros. No me pasó cuando lo escribía, me pasó al leerlo por primera vez en voz alta. No tiene que ser significativo, tampoco, el que me haya pasado tal cosa. Quiero decir que el poema es el poema y a mí me produjo tal reacción anecdótica.

HAY UN MUCHACHO

Hay un muchacho, ahora naciendo, formándose
en el limo impredecible de la vida,
que leerá lo que yo escribo
y comenzará a construir su vida con estas palabras.
De paso irá construyendo la mía.
La que me hubiera gustado.
Así es el orden de las cosas.

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24 Marzo 2007

Procesión en calle nueva

De un año a otro cuánto cambian las cosas; si uno se fija en la descripción que ha hecho de una calle y al año siguiente coteja sus recuerdos (o sus anotaciones o sus poemas) con la realidad, verá que el movimiento de la vida es continuo. El año pasado, por ejemplo, la calle en la que vivimos tenía unas aceras estrechísimas acotadas por bolardos, unos pequeños postes metálicos encajados en el suelo con objeto de evitar que los coches se estacionaran, aunque lo hacían en un lado, de manera regulada y con parquímetro, y el pavimento del arroyo estaba todo roto y parchado y enseñaba por aquí y por allá las huellas de cuando fue calle empedrada; no se podía ir de a dos, cosa tristísima desde cualquier lado que se vea y era común golpearse las piernas con los malditos bolardos. Hoy, en cambio, es una magnífica calle peatonal sin aceras y sin coches, lo que le da una sensación de anchura que se agradece; ahora tiene árboles que apenas van a vivir su inicial Primavera al aire libre, farolillos anticuados que sustituyeron las modernas luminarias y le dan un toque nostálgico y elegante y algunas bancas para sentarse a descansar o a ver pasar a los demás. En el suelo hay inscripciones de bronce que indican el lugar donde estuvieron las casas de los escritores. Donde había una librería hoy hay un estudio de yoga, y donde daban clases de chino ahora hay un letrero de se vende. Abrieron, junto a la farmacia, una clínica veterinaria que no he visitado por razones obvias. Los dos antiguos puticlubs que había ya cerraron, y un señor alto, viejo, elegante, que solía pasear por aquí con chaleco y bastón y con quien intercambiaba siempre un saludo respetuoso, ha dejado de pasar, o más bien dicho, ha pasado a otra dimensión donde seguimos inclinándonos la cabeza cuando nos encontramos.

Ya están anunciando las procesiones de Semana Santa. De la iglesia de Medinaceli que está a cuadra y media, sacan la imagen venerada y la pasean por el barrio en un espectáculo que todos los años he visto desde la ventana. Ah, si lo vinieran a ver con nosotros mis amigos. Los aromas del incienso, rumbo al cielo, en donde son tan apreciados, ascienden por este tercer piso y untan su místico mensaje en los balcones. La procesión avanza con tal lentitud que pareciera que cuando acabe va a quedarse todo quieto hasta que vuelva a ser Semana Santa. Estaba calculado que cupiera exactamente en el espacio que quedaba libre entre los coches estacionados y la acera contraria; pero ahora, este año, ¡qué holguras va a tener! Van a poder mover para un lado y para otro al Cristo, cuyos costaleros hacen la faena con precisión y alegría al son de las solemnes músicas que acompañan su frente coronada de espinas y su sangrado rostro y no faltará quien le cante una saeta sin tener que sacar medio cuerpo entre los coches. Qué distinta va a ser este año la procesión. Volverán a salir todos los vecinos y esta vez habrá espacio hasta para invitados y curiosos que aplaudirán los pasitos retozones que hacen que la imagen dé la impresión de que se atreve a bailar de gusto. Un poco de paganismo, digo. Estamos en Madrid.

CREPÚSCULO
La tarde pone un huevo en el horizonte, rojo,
encendido, loco, lo sé,
y con él se precipita la acción que desemboca en la noche,
apocalíptica, se podría decir,
o así se vería al menos el panorama desde la perspectiva de esta calle,
antigua Cantarranas, seguramente por lo que evoca,
en la que vivimos Miguel de Cervantes Saavedra, Lope de Vega,
Marcos Ricardo Barnatán, Milagros , yo…
no en los mismos años pero sí en las mismas proporciones urbanas,
o sea, mismas distancias físicas entre casa y casa, vida y vida;
comparecen también don Francisco de Quevedo, en la otra esquina,
David Cabello, nuestro abastecedor báquico y amigo,
unas pizzas, una librería de viejo, una farmacia,
un puticlub cuyas ancianas meretrices cerraron hace poco y se fueron,
como se va desvaneciendo el eco con la pena,
una verdulería, una escuela donde enseñan chino,
el restorán Pereira, la fábrica de churros de Miguel y Gregorio
a donde podía comprar el Fénix en pijama
y ve tú a saber cuántas centenas y miles de personas
desde que se trazó la calle y se construyó la primera casa
cuyas apasionantes historias no sabemos,
los que vivieron en siglos anteriores amasando el tiempo
que cada vez compendia el total en la suma del instante;
así se vería el cielo si no fuera porque los edificios no lo permiten
aunque la orientación es más o menos apropiada;
y ¿qué, qué tiene que ver esto con el crepúsculo, con la caída de la noche?
tiene que ver con el alma, y ya es bastante.
Y como el alma, no se ve.


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