20 Abril 2007

Cocina mestiza

Antes de que otra cosa suceda conviene que vaya pensando en el desayuno porque a poco que escriba media página me empezará a dar un hambre feroz, no porque el ejercicio de teclear sea muy rudo sino porque es la hora. (Cambio de tercio:) Y nuestro desayuno es relativamente fácil: se trata de pelar algunas frutas: un poco de melón, papaya (que es fruta exótica), plátano, manzana, pera, tal vez una mandarina, y hacer una macedonia, quizás con unas fresas que tanto adornan el sabor, el color y el olor del platillo. Luego servirlo en dos tazones, uno para ella y otro para mí, y exprimirles el jugo de algunas naranjas. Llevar a la mesa esta provocación junto con unos pequeños recipientes con nueces, piñones rosas (los encargo a México porque aquí sólo hay blancos y saben mucho a resina), pasitas, amaranto y un poco de muesli, que viene a ser la misma combinación de cereales que en México llamamos granola, todo mezclado en el tazón con la fruta, y ñam ñam ñam, padentro.

Viene luego una taza de infusión hecha con té verde, té blanco y té rojo (sin que haya en esto alusiones banderiles), con distintas propiedades y mezclados con sabiduría, sobre todo para que no prevalezca el blanco, el que más sabe a hierba; le agregamos anis estrella, canela, un clavo, cardamomo y pimienta entera, y queda una exquisitez que aroma el velo del paladar durante un rato largo de la mañana. Con lo que sufro es con el pan dulce, que acá se llama “dulce”, sin que intervenga la palabra “pan” y cuyo genérico es “bollería”, porque está a años luz de la repostería popular mexicana; suele ser empalagoso y sin gracia; pero no hay más remedio, es lo que hay. Cómo extraño las campechanas a veces. Y amarro mi memoria para que no me haga la mala jugada de repasar el catálogo inagotable de los panecitos dulces de mis panaderías.

Y hasta allí, porque aquí lo salado está proscrito del concepto desayuno; los huevos, las quesadillas, los chilaquiles, los peneques, los bistecitos encebollados, los molletes y otros platillos de nuestra gastronomía desayuneril son inimaginables. Ya lo que he descrito de las frutas es un exceso, un franco mestizaje. Sea por dios. Ofrezcamos el sacrificio por las almas del purgatorio.

Y a propósito: el tamaño de los dioses es inconmensurable. Como Neptuno domina el mar ya se ve que no puede ser del tamaño más o menos humano en que está representado sobre su carreta en la glorieta que está a dos cuadras de la casa, ni Cibeles puede tener las proporciones de una robusta señora tal como está figurada en la siguiente glorieta porque es nada menos que la que domina la tierra, la fertilidad de la tierra, su capacidad de producir sustento para todas las especies; más bien hay que atender a que es una forma de representarlos para que los comprendamos, digamos que es su advocación pedagógica, así como el dios Hijo del cristianismo está representado con un humano cuya proporción con el dios Padre debe guardar cierta armonía con el dios Espíritu Santo, que ya se entiende que no puede ser del tamaño de una paloma convencional de estas que vuelan aquí afuera. Bueno, pues creo que de eso se trata el breve poema que sigue, de las proporciones de lo divino.

EL DIOS DEL CIELO

Zeus tiene el cabello azul,

¡azul tiene el cabello Zeus!

por fin algo
he comprendido.

Escúchalo:

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6 Marzo 2007

Trazos rápidos

Casi siempre estas centellas surgen como revelación, acontecen de plano, se dibujan con todas sus letras en el lugar sin nombre en que aparece la creación. Ésta no, ésta tuvo trabajo laborioso de parto. Empezó como una euforia y anunciando que sería un punto de partida, un sólo verso largo hasta mujeres que en un primer borrador juntó más palabras y más versos largos y cortos, y perdió el aliento. Bla bla bla. Yo lo hubiera dejado allí olvidado si no hubiera vuelto por su propia voluntad una y otra vez a hacérseme presente. Otra vez feliz la calle… Lo volví a intentar y siguió pasándole lo mismo: después de algunas retóricas se desinflaba. Así es a veces esto de hacer poemas, como uno no sabe casi nada del poema que todavía no existe no se puede prever qué ocurrirá. Hasta que de pronto, tras varios intentos, cambió su presentación, se hizo versos cortitos y apareció, como una solución natural la pausa primero y el sujeto después, con su carita de ángel. Aunque en este caso el sujeto es el objeto del poema.

Y a propósito: ayer me pidió Milagros que me hiciera cargo de la comida de hoy porque ella tenía varias cosas que hacer por la mañana (Presente/Pasado: hoy es ayer). Teníamos unas codornices que puse en la sartén con sal y pimienta en un poquito de aceite, tapadas y a fuego bajo; le pedí a Mariola que picara dos dientes de ajo muy finitos y un buen ramo de perejil y las vigilara mientras yo baboseaba por ahí; cuando ya estuvieron cocidas las pobrecitas, las destapamos para que se doraran un poco y ya doradas, les puse el ajo y el perejil, les eché encima un chorrito de jerez y las volvimos a tapar unos minutos con el fuego un poco más fuerte; antes de que esta humedad se resecara pero cuando se habían evaporado los alcoholes del jerez y los picantes del ajo, las servimos. Y las acompañamos con unas hojas de endivia aderezadas con un queso crema fuerte sazonado con hierbas finas, aceite para hacerlo suave, unas gotas de vinagre de jerez, para que se sintiera a gusto, y una cucharada grande de caviar que se distribuyó como chía en agua de limón por toda la vinagreta; el amargo de las endivias se matizaba bien con el aderezo y la ensalada se entendía con las codornices. Confieso que fue comida rápida, pero quedó bien. Me gusta más decir endivia que endibia, aunque la última es más correcta, según la RAE, porque trae cola del latin: intûbus, aunque debo aclarar que el acento circunflejo de la u no es el que yo le puse, de casita, sino uno al revés, con las patitas para arriba, pero aunque nos destrozamos las carnes buscando en el código ascii, no lo encontramos, no existe; o sea que la RAE se los manda a hacer para su uso personal y para que no podamos copiarle. En fin: cocina.

FELIZ LA CALLE

Feliz la calle
que tiene en sí
tantas mujeres,

y a mí.

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