11 Marzo 2008

Praderas de Alita Allis 20 (y última)

TIEMPO

Después del tiempo que ha pasado, Jon me toca sin sorpresa, sin deleite; ya no me desviste él, espera a que yo me quite la ropa y él se quita la suya con desgano, sin ansias y sin juego. Ya no bromea. Yo me recuesto bocarriba y quiero mirarlo con lujuria, pero sin su participación ya no me sale. Sin embargo, desnuda, ofrecida, vuelvo a sentir cada vez la novedad, el gusto por el miedo que siempre me ha procurado el placer. Él entonces se excita, me mira hacer y hace. Me sigue como un perrito faldero, imitando mis gestos y los ruidos que hago. Me sigue como un pescado en el aceite hirviendo. A veces acabamos en la cresta de una ola embravecida. Otras veces el pobre sólo susurra que me quiere, que me quiere.

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10 Marzo 2008

Praderas de Alita Allis 19

OTROS PASTOS

Como una pradera de leves ondulaciones y muy suaves hierbas; así tendida sin pensar en nada -es curiosa esta sensación de ya no fabricar ninguna cosa en el pensamiento, de ser nada mas como colinas naturales, como tierra; no es que lo piense, siento eso-; ya muy quieta, sin tamaño -las medidas me las arrebató el amor-, estoy acostadita viendo mi cuerpo con pereza desde la leve perspectiva de la almohada. Respiro despacio y unas minúsculas gotas de sudor perlan la pendiente que se hace entre mis pechos. Son las últimas gotas que quedan de tanta agua. Lo único que tengo es olor, pero también es olor como de tierra; ya no me queda nada de mujer. Para recobrarme muevo con trabajo mi mano y comienzo a meter los dedos entre el pasto.

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9 Marzo 2008

Praderas de Alita Allis 18

NO HASTÍO, SINO…

Nada me mueve. Nada me hace moverme. Estoy quieta como la raíz aérea de esta orquídea que ya dio su flor del año y lo único que tiene que hacer es esperar tranquila en lo alto de la selva para que la humedad del ambiente la sostenga y provea de los minúsculos rocíos de color y textura -y olor, que viene también con la humedad-, con que elaborar el amor que se haga carne la próxima vez. Si es que hay vez próxima (extenuada, diría que estoy). Antes de que mi actividad última y única sea rezar el rosario y recordar, en cada paso del Ave, alguna de las caricias y los sobresaltos con que llené tardes y noches que hoy, por ningún motivo quisiera recordar, ni reseñar ni, tal vez, haber vivido. O sí: todavía tengo risa de la última vez.

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8 Marzo 2008

Praderas de Alita Allis 17

PIEZA

Dice que soy una gacela que se conforma con la flecha de un cazador furtivo que la encuentre distraída en el bosque. Está loco, no sabe lo que dice. Aunque me resulte tan atractivo con sus nalgas sólidas y rudas. Además cree que me halaga. Claro que ansío la muerte, quién no, la deseo como el vuelo de un impulso ante el vértigo que provoca el abismo -no puedo ni siquiera asomarme a una ventana en un piso alto sin que todo el cuerpo se me llene de humedad- pero no es lo que él cree. Esas veces él, claro, se siente un cazador excitado. Yo toco y huelo mi sangre y me siento ligera, siento que salto por entre los árboles hacia el vacío, llena de gusto. No, no estoy dispuesta ya a correr por las praderas dóciles donde los cazadores timoratos como él se entrenan. Basta.

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7 Marzo 2008

Praderas de Alita Allis 16

LA PIEL DEL DIABLO

Qué fácil fue hacer que se fuera pronto. Cuando llegó le vi toda la intención de empezar con sus rosarios; en la cara traía sus “no puedo vivir sin ti”, “vivamos juntos”, “eres única para mí” y cuando llega así me aterroriza. Sé lo que sucede. De modo que apenas entró me arrojé a sus brazos y le dije besándolo con mucha excitación que lo quería, que no quiero vivir más sin él, y mientras le hacía estos homenajes de palabra, comencé a hacerle otros de obra que sé bien que lo enloquecen. Cuando reposábamos se levantó de pronto y me dijo muy meloso que tenía que irse, que el trabajo. Pero yo sé que últimamente tiene una amantita morena que no le gustaría dejar.

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6 Marzo 2008

Praderas de Alita Allis 15

LIBRE      

    Afortunadamente nadie puede saber lo que vivo desnuda, ni siquiera Slatti que comparte conmigo algunas veces la intimidad y es tan atento. Casi diría que ni yo misma sé lo que vivo desnuda porque nunca tengo oportunidad de formularlo, lo vivo y ya y no lo pienso, no está entre las cosas que debo compartir, si acaso me deslumbran a veces algunas imágenes de mí misma extendiendo la mano desde mi cuerpo hasta el cuerpo todavía ilusorio y ajeno de alguien que se ha puesto, al azar, en el blanco de mis deseos. Lo imagino desnudo, claro. Entonces me ciego y siento con la piel que qué suerte tengo de no saber a ciencia cierta lo que va a ocurrir.

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5 Marzo 2008

Praderas de Alita Allis 14

GENERO

He notado que otro de los muchos errores con que me formaron es el llamarle el árbol a esa figura acogedora, cuando debiera llamarse la árbol, o tal vez, la árbola: no va de un lado a otro, no cambia más que en sí misma, no intenta nada, sólo logra lo que se propone (y estoy segura ahora de que ésto es mucho) y recibe en sí cuanto le ocurre. Digo, porque Tenhalt me invitó al bosque, se entusiasmó con mi charla y con mi aspecto silvestre, según dijo, y me arrinconó contra un árbol, y allí quiso hacerme suya, y yo, feliz, porque entre más él me atacaba, más protegida me sentía cuanto más me empujaba su furia contra la amorosa y cálida madera.

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4 Marzo 2008

Praderas de Alita Allis 13

LA BESTIA

Abajo de cualquier árbol me acomodo, como una perra sin dueño; no tengo frío ni miedo, cierro los ojos y dejo de sentir a la bestia que se me acerca acezante, oteándome, preparada para saltar a mi pecho que, cuando más, cubro con mi propia mano. Sé qué es lo que quiere: un trozo de carne, entre más sangrante, mejor. Nada la sacia y sin embargo no acaba con la presa. Ojalá que esta vez escoja un pedazo de hombro, algo, porque en el anterior encuentro sólo mis nalgas provocaron su apetito. Las mutilaciones que me ha ido haciendo han mermado seriamente la alegría risueña con que echaba a correr por la pradera.

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3 Marzo 2008

Praderas de Alita Allis 12

OLOR A HOMBRE

Su olor gasta mis energías. Después de un rato quedo verdaderamente agotada. Nada hacemos. El se recuesta y habla. Recorre praderas, montes y ciudades. Yo procuro no interrumpir sus viajes que me van dando diferentes aromas conforme pasa del sol a la sombra, de la contemplación a la enérgica práctica. Creo que dice que domina hombres y situaciones. De pronto, percibo ese otro olor. Para él es éste el momento en el que llega hasta mí. Yo, con el olfato, lo he devorado ya. Mi cuerpo no tiene más resistencia.  El alaba mi languidez, cree que es producto de la seducción que sobre mí ejercen sus valientes palabras.

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2 Marzo 2008

Praderas de Alita Allis 11

DULCE AMIGA

Ah, qué ira tengo contra Ehlia, y no tendría por qué tenerla porque siempre hemos sido muy buenas amigas, pero esta mañana, cuando Atesio me dijo -con evidente intención- que qué tenía yo previsto hacer esta noche, ella, como una adolescente, intervino en la plática que no le correspondía y habló por ambas diciendo que estábamos decididas a ir al teatro porque un actor amigo nuestro tenía un importante estreno. El actor es Gordea y está -bueno, eso dice- locamente enamorado de mí. Yo, la verdad, prefiero no ir. Ehlia dice que él hizo la obra sólo para que yo lo viera. A mí me gustaría verlo de otra manera. Tal como a Ehlia otras veces le ha disgustado tanto.

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