23 Junio 2008

El fut

Ni modo. Me arrastró la marea. Me llevó en la cresta sin que pudiera yo evitarlo. Y a la hora de la hora, ni quería evitarlo. En cada patada y en cada desplazamiento quería, como todos, ver que cuajara una jugada de gol y aquel infernal y angustioso cero a cero se moviera, que dejaran de pasar los larguísimos minutos de rojos y blancos sudados corriendo para un lado y para otro poniéndose obstáculos, empujándose, pateándose, jalándose las camisetas; ¡y cómo saltaban para pegarle a la pelota! Con la cabeza, con los dos pies en el aire, arriba de sí mismos, como si fueran todos de alambre y de resorte. Y allí estuve sin poder apartarme hasta que culminó todo con esas jugadas tan tensas de los tiros directos a las porterías, eso que era ya como una última oportunidad de expiación por los errores cometidos durante dos tiempos reglamentarios y dos tiempos extra en los que no lograron penetrar los muros de las fortalezas contrarias y llevaban y traían al sol saltando por todo el campo sin encontrar un horizonte en donde ocultarse a sudar su esfuerzo, un sol que fue perdiendo grandeza ante el poder de los chicos que lo llevaban y traían como gigantes que acabaran de inaugurar el cosmos y estuvieran buscando en dónde va cada cosa para acomodarla en su lugar de acuerdo con una idea que resultaba a todas luces contraria a la de los de enfrente.

Y también me alegré cuando por fin ganaron los de un bando, los del nuestro. No lo diría yo así pero hace muchos años que vivo en España y todo alrededor gritaba que esos éramos nosotros y el nosotros me involucraba también a mí, como el verano que se soltó ya con todas sus fuerzas. Las ventanas permanecen abiertas para que entre el aire y se refresque un poco la casa y con ese frescor entraba la fuerza de los demás que en las otras casas con las puertas abiertas vivían lo mismo que nosotros, la misma experiencia compartida que no se podía ignorar impunemente. Así que la Eurocopa me levantó en vilo anoche y me puso sus emociones al lado para que compartiera las que fui pudiendo. Y yo que había estado con la imagen del congreso del partido de la derecha jaloneándose el poder, una fiesta bastante divertida y en la que el anfitrión mostró que controlaba bien la casa pero que su entretenimiento era sumamente aburrido. Pero bueno, no es el momento para esa reseña.

Todo esto me sacó de la postración extrema y por eso mandamos la promoción que les debe haber llegado hace un rato. Luego si abren la página y se la encuentran desgraciadita y quejumbrosa ya me comprenderán y tendrán misericordia pensando que al fin soy como cualquiera, que me dejo arrastrar por el futbol sentado en torno a la televisión con el vocinglero grupo de mi hijos, y todos juntos nos integramos al nosotros que ayer pasó a cuartos de final.

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22 Junio 2008

Mis cosas

Lo que de veras me preocupa son mis cosas. Las personas como quiera se van acostumbrando, tienen nuevas preocupaciones, van y vienen, se tienen que acomodar para seguir lo suyo. Pero las cosas quedan completamente a la deriva, no habrá quién las proteja; con uno ahí van, se dan valor unas a otras pero todas dispersas son basura; el frasquito de los caramelos, el estuche vacío, las muñequitas del Rastro, la pluma sin depósito, el papel que era tan bonito, el plato que algún día usaríamos para algo. Esas sí que están perdidas. No es que tengan valor sentimental, no es eso, sino que cada una es un pliego de memorias enrollado y no habrá biblioteca de Alejandría que los recopile; se va uno y como si no hubiera tenido nada ni siquiera se despide de sus cosas, y luego las pobres, como no sirven para nada a nadie le mueven el interés de conservarlas; se va uno y las deja condenadas a ser otra vez material de baratillo, cuando mucho.

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21 Junio 2008

Días de pájaros

Ay amigas, amigos, personas de la Tierra, qué resentida va a quedar esta página después de estos días porque, claro, no me puedo concentrar, no tengo cuerpo para ponerle la libra de carne que pide todos los días; apenas un pellejito me va quedando para darle la similitud de algo vivo. Pero fíjense ustedes: me levanto con las consabidas quejas con que habitualmente empezaría a elaborar la lista de letras de donde voy escogiendo y me encuentro con que ya mis hijos andan tomando café, contestando sus correos, leyendo las novedades de sus entornos respectivos, y si ya se levantó papá, vamos a charlar un poco, si para eso estamos tantos miles de kilómetros asombrados con los horarios cambiados y las luces a deshoras. Yo entonces me voy a otras esferas en donde empiezo a contarles cosas y a usar lo que iba a compartir con todos; que si me acuerdo de esto, que si de aquello, lo que he visto, lo que me sorprende, lo que ocurre bajo la manga del saco de los que cuentan las noticias. Se pasan las horas y ya necesito ir a descansar un poco cuando veo, desacompasado de mí, que no he escrito mi diaria obligación portuaria, que no acabo de construir todavía el atracadero de esta barca sin remos que es la mía.

Entonces vengo y digo, bueno, todo el que tenga cáncer y viva en el extranjero y vengan a visitarlo sus hijos alarmados por la cercanía que todos tenemos con el mismo gesto, entenderán que me distraiga y me cosquilleen los ánimos; pero no es por pereza ni descuido sino un espíritu como un globo a medias desinflado. No sé de las noticias mucho más que la reseña del telediario de anoche del primer día del congreso del partido de la derecha en donde los moderados parecen irle ganando el pulso a los radicales; emocionante y normal para quienes nos apasiona el juego, incomprensible para los ciudadanos que luego no saben ya ni a quien creerle.

Tengo metidos en la nariz los tubitos del oxígeno y con eso le voy chupando la savia al aire. Duermo todo jodido porque no más duermo de un lado y acaba por dolerme. Y andamos buscando y preguntando por tratamientos alternativos con que alargar la inútil ilusión de que volveré a salir corriendo en las mañanas a tomarme un café precipitado mientras llego al compromiso. Y volteo y como mi compromiso es éste trato de aplicarme y sé que no me queda más que pedirles que entiendan que andaré distraído algunos días.

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20 Junio 2008

Las horas de trabajo

Yo soy aquel que ayer nomás decía…, desperté pensando, o sintiendo, más que pensando. (¡Ah, si pudiera yo hacer alguna vez un verso semejante!) Y es que dormí. ¡Dormí! No floté sobre las horas oscuras recogiendo la basura de mis quejas sino que dormí, dejé de sentir el paso monótono de las horas infinitas y me pegué al ritmo del silencio. No es que haya dormido todo lo que deseaba (porque ahora tengo un apetito voraz e insaciable de ese abandono), pero fueron varias horas seguidas en las que pasé el tris entre una y otra toma de conciencia. Y eso que tenía yo metidos en la nariz los tubitos del oxígeno y pensé: este estorbo no me va a dejar dormir, lo voy a perder a la primera, me voy a despertar y sepa dios dónde habré dejado la respiradera. Pero no, aquí está y ni lo sentí.

Pero quedé atónito cuando lo trajeron. No se trata de un tanque, o una bombona, como aquí se le llama, sino de una máquina que saca el oxígeno del aire inagotable del entorno y lo va filtrando y metiendo en su depósito del que abastece al respirante que lo use. Una maravilla. Ya no hay que llenar infinitos depósitos costosos e inmanejables sino encender la aspiradora imitación de pulmón y a respirar todos alegremente.

Pero miren ustedes, ya se me volvió a pasar la mañana sin poder concentrarme en mi trabajo diario (que es este); cada momento que pasa hay más movimiento en mi apacible entorno y todo me distrae y todo me es excitante, de modo que me retiro del aire antes del tiempo que voluntariamente he puesto a esta emisión y les deseo a todos buena tarde.

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19 Junio 2008

Llegadas y salidas

No, hombre –le decía a Marta mi hermana, ahora que nos despedíamos de los poquitos días que me vino a ver-, si no sabemos nada del enigma del cambio de estado entre materia viva y materia inerte (rete bonito concepto que le oí a Eduard Punset la otra noche en un programa de tele), lo único que tenemos seguro es que todos vamos a pasar, absolutamente todos, por el mismo trámite. Es cierto que yo estoy tocado pero lo que es incierto es cuándo opere el toque. Quizás nos veamos este año o dentro de cinco o diez, o esta haya sido la última. En este mismo instante miles de organismos vivos están pasando de este al otro estado. Alegrémonos. O no. Quién habría de imaginar que iba a morir el mismo día que lo estaba pensando, dice uno de los personajes de La Dorotea, de Lope, al final de la obra. Una embolia, un síncope, un accidente, o cualquier otro fenómeno físico y el orden de los factores cambia. La maravilla es que todos nos pensamos de duración ilimitada porque tenemos la curiosa condición de no saber ese momento.

En eso, que nos decíamos estas cosas y bajaba Marta al taxi que ya la esperaba, sonó el teléfono. Mis hijos María y Juan, que venían saliendo del aeropuerto hacia acá.

Y en lo que escribo y babosea uno ya se pasó el rato. Ya llegaron. Y como ya estuve muy conceptuoso y tengo pretexto, espero que no les parezca mal que aquí corte el discurso de este día y mañana les sigo contando. Aunque mañana llegan, también en la mañana, Pablo, mi otro hijo, y María Cortina. Pero luego les acabo de contar.

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18 Junio 2008

Relación de hechos

Milagros se portó como de costumbre, como una reina. No me queda más remedio que hacer relación de los hechos de ahorita. Me tomé un somnífero fuerte cerca de las doce y a media noche me dormí con la esperanza de durar varias horas en ese alucinatorio paraíso de los sueños, pero apenas pasadas las dos sentí unos dolores intensos que me sacaron de donde debía permanecer mucho rato todavía, unos en el maxilar derecho y otros en la espalda. Los del maxilar ya sé que se los debo a un medicamento que me han puesto asociado a la quimioterapia y que precisamente allí es donde la da por afectar de manera negativa, y los otros, los de la espalda, en mi inconciencia bruta se los achacaba al doctor que antes de ayer me hizo las punciones en el pulmón para sacarme el líquido que, supuso, con base en la radiografía, tendría yo allí acumulado, aunque, como ya había dicho, no tuve nada. A esas horas, ¡almamía!, Milagros se levantó a calentarme una y otra vez un cojincito para aplicarme fomentos en la cara; ya que fui despertando me di cuenta de que lo que me dolía era el afectado pulmón, en donde también me aplicó la misma terapia de calor, y la más importante, la de su solidaridad, hasta que los padecimientos se agorzomaron y me pude relajar para volver a dormir. Entre esto y aquello el resultado es que dormí varias horas, ¡aleluya!

Y como pasa siempre, porque esa es la condición humana, ahora lo que quisiera es seguir durmiendo, pero como nada más duermo acostado de un lado acaban despertándome los dolorcillos de huesos del cansancio de estar en la misma posición, y allí sí ya no puedo seguir porque ante el dolor ya ven que todos nos achicamos. O nos despertamos. Bueno, a ver si al rato me puedo echar otro sueñito porque me quedé con los bigotes enmantequillados; o sea, pues, que me quedé con ganas de más. Ah, pero lo que les quería contar es qué chistosita es la mente, porque cuando me desperté por la mañana respiraba perfectamente sin sentir que me faltara aire ni que necesitara mayor ventilación, ni nada por el estilo, pero apenas hice conciencia de ello comencé a respirar con dificultad y a pensar que cómo no tenía yo un tanquecito de oxígeno a la mano. Ah, y que Milagros se despertó conmigo en cada despertada, pendiente de que no me volvieran los maldecidos dolores que tanto me laceraron cuando estaba bajo los efectos del somnífero y  tanto trabajo me dieron para entender que una cosa era el sueño y otra, muy incómoda esta vez, la realidad.

Pero en fin, volvemos a una cierta normalidad después de la crisis que me impidió escribir la página de antier. De lo que me di cuenta luego de que dije que llevaba cerca de quinientas páginas escritas en igual número de días es que también llevo publicados el mismo caudal de poemas y todavía quedan, entre los publicados, para seguir por lo menos este año. Creo. Y si no, pues hago otros, válgame; ni que no pudiera. Y estoy feliz porque mañana llegan mis hijos a visitarme. Luego les cuento.

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17 Junio 2008

Ayer

En México había habido toda la vida unos tanquecitos de oxígeno que vendían en las farmacias, no sé si todavía lo hagan, pero aquí no, aquí está muy regulado el asunto y hay que hacer el trámite hospitalario para que te abastezcan de eso que respiramos todos y que anda por la envoltura de la tierra como alimento general y básico de los organismos vivos.

Como cuando uno enciende el coche una mañana pensando que andará como siempre y nomás hace ruiditos y no arranca, y luego, cuando piensa uno que será la batería o alguna pieza gastada y viene el mecánico y nos dice que está todo desconchinflado y hay que cambiarle no sé cuántas partes, así estaba yo ayer en la mañana. Pero, bueno, ya estoy aquí.

Discúlpenme pero es que antenoche de plano no dormí porque así como a Aquiles le faltaba el espíritu para serenarse y perdonar las ofensas de Agamenón, así me faltó el oxígeno toda la noche para recostar mi cabeza en la almohada y dormirme. Sentado en un reclinable tosía sin parar, y acostado, el aire no entraba por donde tenía que entrar, como la razón en la cabeza de Alonso Quijano, y así se me acabaron las velas con que me procuro la luz de la noche y vino la despiadada aurora del verano -que por fortuna es junio y las noches son cortas-.

Así monologaba nuestro héroe ayer por la tarde o por la noche con el calosfrío de la falta de sueño. -Del 20 de febrero del año pasado a ayer han pasado cerca de quinientos días en los que no había fallado ni uno para escribir este papel, así que imagínense la cantidad de hojas que ya llevamos trabajadas; si algún día hay alguien que se ocupe de ordenarlas y publicarlas en libro harán un tomo gordo y de letra no muy grande.

Pero ayer de plano amaneció y les dije a Milagros y a Marta, mi hermana, vámonos para el hospital a ver si me dan una botellita de oxígeno que me ayude con la horizontalidad; pero se nos fue la mañana en antesalas y pláticas de consultorio, además de dos puñaladas por la espalda que me dio el doctor, porque aunque el pulmón parecía inundado otra vez como hace tres años, resulta que no, que estaba seco y nomás sufrí de balde el horror embozado de las epidérmicas, de modo que cuando volvimos a casa estaba yo tan desgraciado que pensé: No, puras quejas y lamentaciones van a salirme, y renuncié, por pudor, a compartirlas con ustedes.

Hoy no crean que estoy muy rodeado de gaitas y castañuelas que acompañen mis melódicos cantos pero por lo menos dormí unas horas despedazadas y recogí algo del humor que se me había quedado por completo desacompasado y aquí me tienen dispuesto a enmendar mis fallas y seguir con el juego hasta donde se pueda. Cuando me den la bombona de oxígeno supongo que cambiarán las condiciones, aunque eso puede tardar algunos días; por lo pronto tengo una pastilla para dormir con más energía de mando que las que antes usaba. Espero que sepan, aunque mis explicaciones estén cojas y maltrechas, perdonarme por la ausencia de ayer.

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16 Junio 2008

Disculpa

Perdonen mi ausencia de hoy, mañana les cuento.

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15 Junio 2008

Domingo plácido

Domingo en la mañana; ya pleno verano sin disimulos; no se siente andar por la casa a mi hermana Marta que ayer llegó de visita, se ha de haber levantado temprano y habrá dicho yo me voy a pasear un rato porque aquí parece que se despiertan a la hora de que les da la gana; lo que me preocupa es que no desayunó, pero pues ya ella sabrá lo que hace; a menos que esté durmiendo pero no lo creo porque anoche no nos metimos tan tarde a nuestros aposentos, como a las doce, después de haber estado resolviendo el mundo un rato y jugando una partida de Continental, que por cierto nos ganó gacho. No sé qué hacer porque con todo y que tomo somníferos me despierto una hora u hora y media después de dormirme y empiezo a danzar con distintos temas, muy desagradable porque hoy sí me desperté con un sueño insobornable. Menos mal, ya lo iré solventando de a poquitos; lo peor es no tener sueño y sentirse mal.

Ayer me escribió Marco Antonio Campos sorprendido porque ya vamos a llegar a noventa mil lectores del blog, cosa notable para un blog de poesía. Ya se sabe, no es que haya noventa mil lectores formados en fila india de aquí a Toledo esperando que salga la página caliente del día para untarle mantequilla y comérsela, sino que unos miles de lectores entran y regresan y cada vez que se vuelven a meter se marcan como un nuevo lector, pero noventa mil lecturas ya son algo, más de lo que cualquier best seller de poesía suele tener jamás. Y fíjense, empecé publicando el libro más reciente, poema por poema, hace un año y cuatro meses y ahora ya ando en el que publiqué en 1974, o sea que estos poemas de “Varios desnudos y dos docenas de naturalezas muertas” que ahora están ustedes leyendo fueron escritos cuando tenía yo menos de treinta años; me acuerdo muy bien de mí en esa época, era un idiota; como en todas las épocas; la diferencia con los días que corren es que ahora me doy cuenta y entonces me dejaba ir como en un trenecito.

Como los poetas tenemos pocas oportunidades de promoción y reconocimiento, como no sean los premios anuales a libros inéditos y a libros publicados, yo digo que debería haber un premio para blogs de poesía al que se le hiciera la suficiente promoción al menos entre el gremio, sobre todo para darle vigencia y legitimidad al medio, pero pues eso lo tienen que hacer las organizaciones gremiales, las instituciones, y no los particulares. En fin, hoy es domingo, no hay más que esta placidez veraniega y acalorada; las casas todavía no se calientan así que con las ventanas cerradas todavía se está muy bien en el fresco cotidiano; a ver cómo nos va cuando haya que tener todas las ventanas abiertas y esperar una brisita fresca por el amor de Dios. Vámonos a desayunar algo porque ya se va haciendo muy tarde. A ver cómo nos transcurre el día que parece no venir de tan mala índole como los anteriores.

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15 Junio 2008

VARIOS DESNUDOS

(13)
DESNUDO
CON ROSAS

En el cuarto blanco
la modelo desnuda
alza la vista.
La nariz
es el punto de referencia
entre la mujer
y el cielo.
Sus cabellos cuelgan
hacia atrás
con dejo de cascada enloquecida.
El cuello delgado y tenso
sostiene el cuerpo
que pende sobre el mundo.
Así el torso
como la cadera
y las piernas
-hembrísima la hembra–
se sostienen sobre el grito,
figurado
a partir de la boca
con rosas blancas y rojas
que se elevan.

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