25 Julio 2008

Cantos rodados, 19

Luego ya no sé bien porque los años se me hicieron meses
Que se me han hecho semanas que se forman en la cola a esperar
La siguiente, a ver qué trae.
Pero me puse listo con los días de gracia, cuando pasaban los efectos
De los medicamentos y podía comer y beber y charlar y todo
Y entonces llenaba las cazuelas y venían a la casa mis amigos.
Unos taquitos dorados de pollo no van a incomodarle a nadie.

El trabajo en las manos de mi socio, y yo de asueto y abusivo.
Al cabo estar enfermo no es tan fácil. El sol hoy muy temprano
Me mandó mensajero, que si quería yo ir con él a dar la vuelta,
Que estaba por salir en su coche de lujo y el lugar del copiloto
Tiene vistas muy bonitas.
–Sí, -le mandé decir- pero a qué horas me regresas
Porque quedé con cuates de ir a un restaurante chino.
-¿Te imaginas el caos que se armaba si en pleno julio me les desaparezco
para venirte a dejar a la hora de la comida? -me contestó el ingrato-.
Y yo ni modo de quedarme solo a la mitad del cielo y buscar por mi cuenta
Cómo regresarme, si por mi cuenta ya no puedo nada, necesito ayuda.

De modo que dejo para otro día la trayectoria del manto azul
Y me conformo con que se acuerde de mí y se le ocurra invitarme.

Menos mal que ya salí del trance de los hijos adolescentes
Porque el pobre tiene uno que –como los dioses no cambian nunca,
Se quedan idénticos en la eternidad- no deja de ser un chamaco
Que todo el tiempo le está pidiendo que le preste el carro, y la otra vez
Armó una sanfrancia que casi se acaba el universo porque los caballos
Sintieron que no era el patrón y se le encabritaron al rato de que
Empezó el recorrido. Lo publicaron todo en las Metamorfosis, por si
Alguien está interesado en pormenores.

Hoy yo no se los puedo contar con detalles, tengo un cáncer
Que ya me está mandando a la cama a reponerme del esfuerzo de despertar,
Desayunar, escribir esta página y suponer que con nombrarlo, como si
Le acariciara los belfos a la bestia, lo voy a suavizar un poco. Qué inocencia.

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24 Julio 2008

Cantos rodados, 18

Hoy estoy sentimental. No tengo cuerpo para alegaciones
Ni discursos, lo que quisiera es ponerme a llorar quedito mucho rato,
Que me salieran y me salieran lágrimas de agua salada
Y estar así mojándome la camiseta sin que me importara nada.
Yo soy de esos idiotas que no lloran nunca, hay cosas que
Casi no sé hacer, como esa o como echar gargajos, que tampoco aprendí.
Por un lado quería ser un macho fuerte y por otro ser tan fino
Como una dama, qué desastre. Lo que sí sabía era chiflar fuertísimo,
Yo creo que fui de los que más fuerte chiflaban en mi calle, pero
Ya no puedo bien, se me olvidó cómo lo hacía o me cambiaron
La ordenación de los dientes en el consultorio de Masri y todo el ímpetu
Sonoro se me desapareció. Chiflo como cualquiera que apenas sabe hacerlo.

Pero no sólo fuerte, me acabo de acordar que le copié a Claudio Brook
una manera de silbar casi sin mover los labios que llamaba mucho la atención,
me oían pero no me veían y se desconcertaban. Como un ventrílocuo. Pero
hace años que no lo uso; quizás perdí el gusto por hacerlo.
Algún agravio he de sentir y en lugar de cólera tengo esta tristeza. Y me veo
Contando cosas que no tienen que ver con el asunto de mi canto.

Así es que sigo: Se acabó la primera tanda de quimio y me llamaba el sol,
Quería saber en persona cómo me había ido y qué sentía. Para
Entonces nadie me había dicho que mi pronóstico de vida
Era cortito como la cuerda de una ballesta, y que la flecha
Ya preparada era mi corazón que estaba trabajando de más
Y en cualquier momento saldría disparado a clavarse en la frente
De una pared sin esperanzas. Y entonces nos fuimos a Lanzarote,
Yo pensando que allí Saramago viviría entre verde y alegría, y qué chasco,
Nos encontramos con pura lava y un mundo áspero y seco.
Pero estuvo muy bien, pensaba que si así iba a ser me quedaba muchísimo
Tiempo para no hacer nada. Había arena y sol y montones de turistas.
Allí me encontré con un ron muy sabroso pero no vi las cañas de azúcar
Por ninguna parte, deben estar en otra isla del archipiélago.

Luego ya no me acuerdo del orden de los factores pero el caso
Es que de repente nos vimos navegando sobre el Nilo. Y yo un rato
Caminaba asombrado como todos y otro rato me quedaba escribiendo
En el hotel o en el barco lo que había visto. Sin pensar para nada en que podía
Morirme de repente. Porque otros, después que yo ya estaba
Sentenciado, se han muerto con la mitad de años que los míos y sin
Pronóstico de tanta gravedad ni tener cáncer. Qué impreparados papeles
Los que nos distribuyeron a la entrada.

Ya conté lo del Nilo en otra parte; aquí la estrella es una que se mueve
En mi espalda de manera incomprensible. La estrella de este canto es el cangrejo.

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23 Julio 2008

Cantos rodados, 17

Perdona, necesito un tiempo todavía: hay
Algunas cosas que me falta hacer. Una de ellas es el viaje en el Expreso
De Oriente; no me sé bien su itinerario pero estoy seguro
Que en él puedo llegar a Estambul y allí embarcarme a un recorrido helénico por
Varios puertos y cambiarle luego la filiación a la boga para hacerlo viaje nada más,
Viaje por barco.

Y quizás, si se pudiera, digo, atravesar el Atlántico
Para estar alguna vez en Cartagena de Indias.
Y ya después hablamos. ¿Se podría? Claro está que debe ser costoso.
Y los que vamos toda la vida de pobretes no podemos tan fácilmente
Destinar una pequeña fortuna para ese recorrido, pero puedo
Intentarlo; si vendo esto y aquello, si pido un poco así y otro poco
De esta otra manera, y como quien dice, quemo las naves,
Al cabo ya después para qué quiero, yo creo que sí podría. ¿Lo intentamos?

El Cáncer, mientras tanto, por primera vez en tanto tiempo,
Se me queda mirando con extraña sombra, como queriendo ahondar
Si se lo digo de veras o si estoy guaseando, pero yo, muy serio
Le sostengo la mirada: es cierto.

¿Y a qué quiero yo ir a Estambul, qué se me perdió en Constantinopla?
Nada. ¿Hay algo de Bizancio que yo quiera tocar? Ninguna cosa. Quiero verlo,
Pero antes dar un paseíllo por Constanza a ver si le oigo a Ovidio un llanto,
Porque fueron tantos que alguno ha de quedar por ahí rondando.
Y enfrente, cruzando el Bósforo y preguntando por ahí a los que pasen,
Me gustaría poner mi pie en donde me imagine que es la huella de uno de aquellos
De Aquiles enojado y decir esta huella es mi pie junto al de Aquiles. Y como
Ahora el teléfono trae cámara de fotos
Hacer una ampliación lo más grande que pueda de nuestras pisadas:
Dos huellas humanas diferentes, juntas, para cubrir algún muro.

Eso es todo. Y luego, como no eres entidad divina, hablamos
De persona a persona y si estoy todavía en trance dispuesto, terminamos
Y punto.

No sé si le moví la entraña. Por lo pronto, mientras son peras o son manzanas
Me pongo a calcular cuánto nos costaría ese recorrido y tengo que averiguar
Cuál es la mejor época del año para hacerlo. ¿Cáncer?

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22 Julio 2008

Cantos rodados, 16

Ponerse una escafandra debe ser semejante a entrar en quirófano,
Supongo: te sumerges en un mundo distinto, en otro aire,
Y lo que ocurre dentro ni tú mismo vas a saber si sucedió deveras.
Como una revelación maravillosa.
De repente me vi en una camilla rodante que me metió a un salón
En el que había una mesa muy alta coronada con una batería de
Lámparas. Hombres y mujeres vestidos de blanco y de verde,
Todos uniformados, por supuesto, con las bocas tapadas como
Malhechores, y muy concentrados en lo suyo, que no era yo.
Allí de lado tirado en el camastro sin saber ni poderme preguntar
Si me gustaba o no ser el protagonista de los hechos.

Me pusieron una cánula en alguna vena –ante mi tímida negativa
Porque yo entonces estaba muy firme en contra de las agujas, ¡inocente!-
y una escafandra comenzó
A entrar por mi nariz para envolverme todo. Corderos tímidos
Se asomaban a verme con ojos transparentes y estrábicos; una mantis,
Como un puño de varitas curiosas se me paró en la frente y me hizo
Muchas preguntas peligrosas que no quería yo contestar, y yo
Ya ni podía moverme para quitármela o al menos para poder
Ver su mirada transparente, sus ojitos; una vaca pinta y muy gorda
Se paró a mi lado estorbándoles el paso a los uniformados, me
Echaba un vaho caliente y hasta cierto punto repugnante y agrio.
Una orquídea casi negra rubricó un diálogo con otras flores pero
No supe interpretar lo que decían en una lengua común para ellas.
Todo este paisaje comenzó a moverse y me llevó consigo. Lo supongo,
Porque la verdad es que luego de la aguja y la mascarilla
Todo se acabó para mí, como supongo que ha de ser morirse. Y lo demás
Es ver a Dios en tierra de indios.

Lo que sé –porque volví a vivir después de aquello- es que me hicieron
Un profundo agujero de costado para averiguar los nombres del carcinoma,
Sus pormenores, sus afectos y sus vicios.
Resulta que entre la pleura y el pulmón había un asentamiento irregular
De colonos irrespetuosos que llegaron y se acomodaron y mantenían
A las partes incomunicadas, pero tuvieron los nuestros una estratagema, que fue
Rociar de talco los espacios y éstos, como culito de bebé se conformaron
Y se volvieron a juntar ya sin ardor ni irritación ninguna. Eso, el hoyo
Y el talco y sus pesquisas, les pareció suficiente y me sacaron. Que no
Se pudo operar el tumor, dijeron luego, que porque no sé qué.

Y fue cuando se tomó el acuerdo de que el oncólogo supiera todo
Y tomara en sus manos el asunto. Desde entonces las cosas se llaman
Ya como se llaman, y yo estoy desgranando estas minucias con
La intención de distraerme y distraer el rato, para que no pase. Mientras
El cáncer se debate en mis adentros para ver si permanece y triunfa.

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21 Julio 2008

Cantos rodados, 15

A dónde acabará este cáncer, ya sabemos: el cuerpo que lo tiene,
-Éste en particular que lo celebra y lo usa para sus cantos- acabará
Entregando todos sus materiales en la puerta de salida, y allí el icono,
Como una ilusión en la pantalla, haciendo un ruido ínfimo de polvo, se borrará
No más, mientras los chicos que diseñan inventan otro modo de mostrar
Que allí hubo una vez sustento de lo que llamamos vida.

Pero ha de seguir trotando por sus calles mucho tiempo escrito, impreso,
Visto, conservado. En su retozo, unos dirán pañolones de lágrimas que se tiendan
Encima de los empedrados por donde van los cascos con sus ruidos
De animal que perdura, asusta y se desplaza -¿alguien se acuerda
Del Jinete sin Cabeza que galopaba por las noches en un caballo negro,
Y nadie podía verlo impunemente? No sé por qué lo recordé (aunque
Me gusta que se me halla aparecido cruzando como por una fotografía
De Gabriel Figueroa llena de nubarrones siniestros y luces de historieta)
Pero cuando era niño era de las más espantosas imágenes
Que podían presentarse ante mí-. Otros dirán: ah, qué desgracia,
Otra oportunidad desperdiciada. Y sé de muchos que pudiendo decir algo,
Como pasa siempre entre la gente, habrán de aprovechar
Para quedarse callados. Pero en ese silencio que provenga
Se guardará durante un tiempo, como la carne viva de una herida,
El recuerdo. Y con eso es más que suficiente.

Cada día endereza su destino, cambia de rumbo, propicia imaginaciones
Que lo llevan por caminos distintos: que perdura, que se arrepiente, que
Mejora, que acaba con toda resistencia, que denigra, como va, hasta donde llegue,
Que lo amenaza una nueva investigación que están haciendo y que no llega.
Y cuesta irle siguiendo el paso, ser el que lo pastorea y tener paciencia
Para oírlo y al mismo tiempo para acomodar su nombre y sus efectos
Entre las cosas con que hay que trabajar, excavar, participar del juego colectivo.

Porque hay un lugar a donde el cáncer –éste en particular, en este cuerpo
Que lo celebra y lo usa para entretener sus difíciles mañanas de enfermo-
Tiene que ir; en mexicano puro se diría: a chingar a su re puta madre,
Y ya se entiende a dónde en el buen español de todo el mundo.

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20 Julio 2008

Cantos rodados, 14

Pero dime, espiga florecida de los días, ¿no ha sido
Abundante y variado el material cotidiano con que cuentas
La crónica de gran polifonía de los ratos que pasamos? El hospital
Es un laberinto habitado por sátiros y faunos acechantes cuyas patas
Inquietas se prodigan retozando por pasillos y ascensores;
Rebullen, se entretienen, se mojan en las fuentes y salpican
En las caritas lavadas de ninfas y enfermeras que pululan ensartando
Cánulas y agujas en cuantas venas coloridas encuentran a su paso.

Un buen día
El doctor decidió que había que resolver metástasis
Que andaban brincoteando por distintos lados: en algunas vértebras lumbares
En la cadera, el mediastino, y las suprarenales.
Y que la aplicación tendría que ser radioterapia. Venga, que la pongan.

Me llevaron entonces a una sala en donde me tumbaron bocabajo
Y con moderno espíritu festivo me tatuaron alguna mariposa,
Un corazón sangrante, la cara del demonio atrapada en el momento
En que le dio la risa y tres cuatro rositas
En un delicado ramillete sobre el nombre de pila de Milagros. No los vi
Porque los tengo atrás, en la cintura, o más abajo, pero estoy seguro
De la iconografía que describo. Con la que llegaré a los mercados de Hades
A poner en subasta mi zalea a fin de tener algún recurso
Con que pagarle al barquero la dejada.

Y el buen día lleváronme y radiáronme en los consultorios de un área del
Hospital pintada de verde extraterrestre, sobre advertencia de que no
Habría de dolerme nada y otros días tampoco me dolería. Pues felones
Falsarios, me engañaron; ya no me acuerdo si dos o tres semanas
Por lo menos estuve con dolores acusados mientras ellos hacían cara de mu
Ante mis protestas. Pero yo pensaba (supongo, porque en realidad
No me acuerdo, pero eso me habrán dicho) que se me acabaría ese foco peligroso,
Esa alcancía del cáncer en donde dicen que va echando la morralla,
Calderilla infernal que coge entre el polvo de estrellas que se encuentra
En los pedregosos caminos que recorre.

Porque el cáncer,
Han de saber ustedes y tenerlo muy en cuenta para estudios próximos,
Parece que se mueve lo mismo entre la gente que en los vastos
E intrincados caminos celestiales, al menos hasta donde va por el momento.

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19 Julio 2008

Cantos rodados, 13

Porque ya que volvimos nos vimos en la lona. Se acabó,
Primavera, se acabaron tus galas y tus fiestas. Ah, chingao,
Empezamos el viaje hacia el averno. Y las partes de abajo
No estaban tan pasables que dejaran estar. ¡Qué va, antes al contrario:
Todo era peor y peor, y cada día se me bajaba más el suelo!
Y luego ya ni modo, parecía que todo se acababa en cuatro días
Y que ya cuatro era muchísimo tiempo para estarse aguantando.

Y en eso una narcosis me atacó la boca.
Una mañana amaneció confusa la barbilla. La mandíbula
Derecha desde el labio, por dentro y por afuera, rígida, insensible,
Haz de cuenta cuando te han inyectado para meterte mano entre los dientes,
O te han abierto un boquete en Troya para meterte un caballo,
Una curiosa forma de escalar el deterioro sin tener que explicárselo
Uno mismo: me pasa y ya, y al diablo las razones. Ha de ser como
Lo de las plantas de los pies que hace dos años no las siento,
Tal que si estuvieran inflamadas y algo calloso las hubiera recubierto.

Pero la boca, jicarita con la que recojo lo que todavía disfruto, ¡descompuesta!
¡Oh, dioses insensibles, apáticos, ojetes! Y pensé un rato,
Con ilusión todavía, que había de durar un equis tiempo y desaparecería,
¡Qué va!, ya se quedó para siempre en el letargo, un éter
Que apareció en un sueño y como el aerolito de Chicxulub
Me impactó en la península de Yucatán de las quijadas
con la fuerza de un millón de bombas atómicas
Y acabó con todos los posibles dinosaurios de mi gusto. No volveré
A gozar de un porcentaje de la pulpa del mundo. Mas
No piensen que allí acabó la cosa, porque estos últimos días
La insensibilidad se ha recorrido hacia la mitad izquierda en la barbilla
Y el desgaste avanza; menos mal que sólo es de dientes para afuera
Y quedan la lengua y todos los minúsculos rincones interiores,
Con lo que siento todavía la frescura del melón y de la piña.
Todavía.

O sea que ya no ha sido nada más conocer el dolor y la molestia
Sino ir comprándome la muerte a plazos, pedazos de defunción adelantados.

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17 Julio 2008

Cantos rodados, 12

No sé ni qué. Unos días vivo y otros me voy.
Y no me voy a nada ni hago nada sino que
Todo se me borra en la imaginación, lo que queda
Y lo que ya no queda. No se puede decir que es agradable
Estar en este sitio peligroso donde hay abismo para todos lados.
En realidad estoy esperando a que se acabe,
Pero no me imagino cómo es que se acabe.

Se acaba, sí, pero y entonces nada,
Se acabó la soga, se queda en el fondo la cubeta
Y allí se desintegra. Y eso es todo.
No me puedo ya ni hacer preguntas. A patadas
Voy con el fondo del pozo y con el cubo y con el agua.

Hace un año las cosas parecían distintas,  bien distintas,
La quimioterapia le había dado duro al carcinoma y parecía
Que podíamos confiar en un respiro, de modo que agarramos
Y nos fuimos a México a leer poemas. Anduvimos
De la ceca a la meca con el libro nuevo, pero al rato
El pulmón dijo niguas y se puso a toser a cien por hora.

Yo hacía sarcasmos y bromeaba: les vengo a presentar
Mi libro póstumo, decía, y aquí les va la despedida,
Pero aunque eran ocurrencias tenían bastante sentimiento
Y todos lo tomaban como cosa del alma sensitiva.

Hasta que ya no pude. Tuve que cancelar algunos pasos,
Agarrar el avión y regresarnos. ¡A toser a otra parte!, me decía a mí mismo,
¡A echar cajúm cajumes a su casa! Aunque no me imaginaba
que la tos se iba a quedar como invitada de esas que no se van
aunque las eches de todas las maneras posibles
porque están bien contentas y seguras de que no hay otro lugar
donde mejor se encuentren. Porque, digo, diez meses de toser,

Si no fuera por el oxígeno que al cabo me pusieron,
Que más o menos remedió desproporciones y ha dejado
Que a ratos hable y por las noches duerma. Y lo peor, que ahora
Que ya puedo vivir sin tanta tosedera, me han pasado
Los demás decaimientos que les he contado.

Y así vamos tirando,
Sin saber ya ni qué, ni qué tampoco. Ni cuál será ya el día
En que tenga que quedarme quieto. Por lo pronto,
Aquí les sigo contando la historia verdadera de este cáncer.

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16 Julio 2008

Cantos rodados, 11

Me dan ganas de reírme porque no estoy enojado,
Pero tampoco tengo risa. No tengo nada. Tengo una pesadez
De carne amontonada. (Me acordé por la rima de momentos
Tan buenos jugueteando con palabras para hacerles peinados a las musas.
Y ya veo: lo mío son jueguitos de niñas, qué curioso.)

Estoy desprotegido y desarmado; mis territorios grandes, devastados;
Este cuerpo bastante deplorable, más que hecho una desgracia;
Mi entusiasmo –ese impulso delicioso-, aventado al rincón,
Como desecho.

Estoy sin alegría y eso pesa más que si trajera cargando una canasta
Con toda la compra junta del mandado.

Ah, qué bonito: me acordé de las compras en la plaza,
De ir por los abastos, de llenar los ojos y con la boca ensalivada
Ir escogiendo frutas, carnes, cosas, jitomates.
Uno mismo se da cuerda, me parece, y cuando ya no hay nada en la buchaca
Le puedes meter de contrabando una provocación como esta
Y te sales tan campante taconeando como si todo fueran pasos
Que se van por donde se les da la gana, con su ruido parejo de
Invención repentina y sin sustento.

De pasos sin sustento –dije-, que se van diluidos
Primero de distancia en distancia y luego de dimensión en dimensión
Hasta que me los imagino ser los pasos aquellos
Que por más que lo intento no los oigo.
Aquí es donde no quisiera yo que hubiera tope; poder ver.
O sí, lo que decía: que todo este conjunto se deshaga
Y ese puñito de ceniza se revuelva con lo suyo
Que son otras materias. Pero bueno, ya está hecho el encargo.
Me distraigo, me salgo de donde debiera estar, me culebreo.

Porque amanezco así, sopesando hacia dónde pudiera encaminarme
Y viendo desconfiado a todos lados para calcular
Por dónde viene hoy el ramalazo.

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15 Julio 2008

Cantos rodados, 10

Desde que tenemos cáncer la vida se nos ha ido volviendo
Una materia difícil de explicar, aunque su manejo sea tan fácil
como una pasta de dientes a la que cada día le sacamos un poco
y va gastándose con la conciencia de que al final se quedará vacía
Y habrá que tirar el tubo a la basura.

Pues sí, tenemos cáncer. No puedo decir que yo lo tenga a solas
Y que me las voy arreglando, sino que entre los dos tenemos cáncer,
Y mis hijos cuando vienen a estar con nosotros.

Ya ven ayer, qué irregular estuvo. Que no pude. Y ya no sólo
Hay que atribuirlo a la enfermedad sino a lo que con ella
Viene y se instala alrededor, un sentimiento de excepción,
Un difícil trayecto de las horas que no son como las de una
Enfermedad cualquiera, de un post operatorio,
Sino como algo que tuviera un signo diferente
Para ser reconocido. Y es por culpa del nombre.

Si tuviera cualquier otra enfermedad sería distinto
–bueno, toda proporción guardada, lo comprendo-,
Podría valorar cómo me siento y empatado con el diagnóstico,
Evaluar lo que digo y lo que hago. Medir mis fuerzas.
Aunque ayer, las fuerzas que tenía yo por la mañana
No daban para empujar el ánimo a nada. El ánimo, no el cuerpo.
Las palabras entre sí se rechazaban. Yo juntaba algunas
Y ellas solas deshacían la formación horrorizadas
Pidiéndome que no las obligara a ser tan tontas.

Porque ahora pienso que bien pude haber forzado un poquito la máquina:
¡a trabajar, chingao, que para eso desayunan, cabrones!, debí haber dicho
y adentro de mis fábricas hubiera habido voz de mando
que resolviera el caso. Pero resulta que me puse de su parte,
que escuché a la sección trabajadora y me acurruqué con ella
a buscar la otra salida. ¿Y si hoy fuera el día, nos dijimos? Y entonces
todos los que trabajamos dentro de mí, cogidos de la mano,
estuvimos buscando la palabra precisa, que no hallamos.
O no nos atrevimos a decirla, y dejamos que pasara el día.

Pasó otra noche, desperté razonablemente descansado,
Agarré el paso y aquí estoy,
Apenas despertado y con un antojo descomunal de nueces de castilla frescas,
Esas nueces tan sabrosas que venden en mi tierra.

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