27 Julio 2008

Cuando Alejandro Magno…

CUANDO ALEJANDRO MAGNO ENTRÓ EN
TEBAS Y ARRASÓ LA CIUDAD, NO
RESPETÓ MÁS MORADAS QUE LAS DE
PÍNDARO Y SUS DESCENDIENTES

Viene el conquistador;
en la sedienta casa de su corazón
la muerte vierte ríos;
con millares de hachones de cabellos incendiados
aluza el hombre de la soledad sus compañías;
son actos universales sus palabras.
Todo pase a la muerte, dice,
todo lugar y toda gente
que no tenga algo de mi nombre,
menos las casas de Píndaro, el poeta.

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26 Julio 2008

Petrus


PETRUS

Petrus Aura,
el más remoto de mis antepasados
de que tengo noticia,
fue quemado al pie del castillo de Montsegur,
por hereje,
en el lugar que desde entonces se llama
Val de Chemé.
Con ello perdió la tierra,
los frutales,
el solar,
la mujer (también quemada),
y seguramente libros, manuscritos, actas,
y el cuerpo provenzal, la vida entera.
Pero Petrus,
el más remoto de mis antepasados,
con sus hechos,
ganó su nombre.

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25 Julio 2008

Casa demolida

CASA DEMOLIDA

Del viejo señorío sólo quedan estos viejos escombros que veo
y que celebro.
Aquí habrá estado la sala donde se recibía
(alguien aparecía con el servicio del té),
se hablaba en esta sala, de seguro, de los caminos del tiempo;
alguna mano rozó alguna mejilla,
alguna mirada rozó el lindero del silencio
y se concertaron almas con encanto.
Se habrán tratado también asuntos de negocios,
herencias, ires y venires de otras propiedades,
cuestiones entre caballeros,
damas en juego…

Me acuerdo de las plantas que escurrían por las ventanas
y de las que subían y bajaban por la fachada,
las trepadoras y las buganvilias.
Yo por aquí pasaba:
las rodillas raspadas, el cabello corto,
el miedo a los fantasmas,
el amor al diablo y el temor a Dios.
No se veía la gente de esta casa.
En esa parte llena de escombros
pudo haber estado el comedor
con una mesa de roble al centro,
y a la pared, una vitrina grande con las cristalerías;
quizás la familia tenía escudo de armas
que presidiera las horas de los sagrados alimentos.
En aquella otra parte, una escalera
(la ascención, la ascención, mis soledades)
que habrá llevado a donde esos pedazos de muro tapizado
lucían en su sitio, cobijando;
alguna vez abrieron la ventana
y vi ese tapiz en la pared de la recámara
y un gran espejo ovado;
allí se cumplirían amores,
conciertos de soledades espejeadas,
rompimientos y ayuntamientos de almas.
En esta y otras recámaras de la casa
habrán nacido, crecido, amado y muerto
dos o tres generaciones.
Yo recogía las buganvilias para el té.
Era muy antigua mi infancia.
La casa está demolida;
en unos días más
se llevarán todo el cascajo,
las armazones de las ventanas,
el bidet roto,
las tuberías semipodridas
que se arrojan como periscopios a la luz.

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24 Julio 2008

El que canta…

De toda libertad,
palabra por palabra, digo,
(y me cae que mi corazón es cierto)
canto, holgazaneo,
para que me mires y digas: qué desperdicio de horas,
envidiable.
Poseo el don del tiempo,
la catrina calma y el más chicho recreo:
uvas de sol y luna,
uvas de estarme solo todo el día,
uvas de hablar contigo y de que me oigas
porque como yo
quieres hablar con alguien
de esta prodigalidad del mundo. Y es cierto,
todos los caminos van a tu boca
y van a que tú puedas decir lo que te dé la gana–
Caminaras, horas enteras caminaras,
ciento cincuenta pesos de zapatos
una noche caminaras, cientos de angustias juntas
te acabaras–
y ni hablar de todo lo profundo, qué caray,
yo mejor desentono pero canto,
te invito un café,
te quiero,
te llamo a las cuatro de la tarde,
gentecita,
gentecita mía,
porque elegí en el mundo (y cómo no)
los días de sol para vestirme de colores– que te pica
el miedo, que te dice,
que te unta su nata pegajosa,
que te dice que no
y a mí que me desespera–.
Pero con una concha grande me muerdo los bigotes,
como mangos a las doce del día,
viviendo claramente (en serio)
para que no se te aparezca nunca
la nebulosa esa desgraciada
de mi melancolía.
Qué más quieres.

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23 Julio 2008

El que canta…

Mi ciudad está loca,
a veces tiene calor y a veces tiene frío–
nosotros sabemos bien lo que se dice a cada hora–
a veces tiene calor y a veces tiene frío
entre la mañana y la tarde–
¿por qué no hablar del clima?
a veces es premonitorio un buenos días–
entre la tarde y la madrugada.
Y alguien que la retrata–
a mi ciudad en seco, sin augurios–
y ella que coquetea.
Mi ciudad está loca, de deveras.

Tiene tedio–
pero mi ciudad tiene mercados y avenidas,
huellas de muchos que nunca se marcaron,
trato humano aunque comercio
donde todos caemos y a veces levantamos–
tiene tedio (¿o soy yo,
que estoy juzgando parcialmente?)–
tiene parques y flores
y crímenes y criminales
donde el hombre de ciudad se mira y desaho
ga–
no mataré becerro nunca
porque becerro que alcanzo es muerto y despellejado–.
Tienen los mercados frutas y verduras–
tiene tedio, mi ciudad
tiene tedio
y yo con ella.

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22 Julio 2008

El que canta…

Es extraño sentirme que me miro,
es extraño decirlo, que siento
que me miro,
como un caso, como un amigo,
y me hablo: feliz tu servidor
que te conozco y te conozco la medida,
porque estaré siempre en guardia
contra ti, me digo.

El caso es que me miro
y esta sensación de verme
se parece a una muerte
largamente pensada y preparada
para no acabar de plano
sino en flores que se abran y se abran.

Hola, me digo.
Ah, esta sangre,
esta sangre que corre,
esta inclinación terrible por la sangre,
esta humedad caliente
que pasa y se repite
moviéndose como agua entre las piedras.

Me digo hola
y apenas me atrevo a contestar
ovillado de miedo en el rincón
porque me estoy mirando.

Hola, me digo con cierto desparpajo.
Sin gracia, me miro que camino,
de mis ojos sin gracia,
de mi sin gracia en general
despido olor,
me reconozco.
No en balde nos sentamos en la sala,
alguien dice: veinticuatro años, muchacho,
y tomamos té.
Hasta los pájaros alcanzo a ver,
que vuelan,
contimás me miro, que camino.

Hola, me digo mientras escupo un poco.
Oh tribuna hiriente: que hablo;
qué gozo en tu ejercicio,
que desnudarse es como gritar
que viva el mundo.

Pues que vendrá la tarde, lo sé,
porque me estoy mirando,
lo palpo en el silencio
y en él, de sentir, me regocijo.

Hola, me dije,
y me asusté a mí mismo.

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21 Julio 2008

El que canta…

Todos los días sucede
que un hombre despierta en la mañana.
Pero la historia es lo de menos
porque sabemos
que en todas partes el amor sucede
y suceden el odio y la paciencia,
más visibles apenas que las flores
pero igualmente alentados por la lluvia.
Todos los días los ojos de alguien
se cruzan con el cuerpo del rayo
y se agigantan.

Una mañana se levanta triste:
este puñal es mío.
Y sucede que todas las campanas
se ponen a tocar, furiosas, a su puerta.

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20 Julio 2008

El que canta…

Hoy en la noche estoy muy triste.
Voy a perder mi brazo un día,
mi jarro de café, mi cuento,
la luna que más me gusta.
Las cosas que van a suceder no tienen nombre.

El viento va a soplar contrario.
Se va a tender contra el amor un puente
y la guirnalda nos va a quedar estrecha.
No me dejes que hable de esto.

No me dejes que llore yo esta noche.
Cógeme el corazón y apriétamelo fuerte.
Que se pare si quiere,
pero apriétamelo fuerte.

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19 Julio 2008

El que canta…

Abierto y simple,
hermano de paz de mi ventana,
me dejo amanecer.
Largas mañanas son los días,
largos son los años de mi tierra.

Pájaro que canto y que me voy
estoy pendiente del árbol de mi calle,
del cielo de mi calle,
del color del paisaje que me adorna.

Atento estoy al tiempo en que me muevo,
regional, contento y torpe, en mi ciudad.

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18 Julio 2008

El que canta…

Hoy entró la primavera,
tú lo has de haber sentido
porque hizo calor,
porque el calor,
como en sus buenos tiempos,
hizo ramos de flores.

¿Hizo ramos de amigos,
hizo ramos de gentes perfumadas?
¿Llevaron los muchachos
del brazo a las muchachas
canturreando?
¿Se hizo bien la primavera?

Yo no la dejé que entrara,
cerré los ojos de vidrio de mi casa.
Para entorpcerla no.
Que haga su fiesta,
que los lleve a todos.

Mientras,
yo corro por marzo
como loco.

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