22 Febrero 2007

Ficharon a Pe

Woody Allen ficha a Pe para su próxima película, decía El País un día de la semana pasada. Y nosotros sabemos que ha contratado a Penélope Cruz, porque Pe es el apocorístico que le da España a una de sus actrices consentidas, y que lo saque en su edición de internet el periódico como la noticia destacada de la tarde no suena fuera de lugar. Lo que extraña es el fichaje, o a mí me extraña porque sólo lo había escuchado en el caso de los jugadores de futbol. Al principio confieso que no entendía –sobre todo por mi falta de interés en el tema- a qué se referían cuando decían que tal club había fichado a tal o cual jugador. Ni siquiera me había valido la pena desarrollar la posibilidad de que le hubieran dado turno para ingresar a sus filas o lo hubieran puesto encima de una mesa de subastas; mucho menos que lo hubieran fotografiado de frente y de perfil con un número colgado del pecho e ingresado en los anales informáticos del combate a la delincuencia. Me pasaba lo mismo con el repechaje, que sigo sin comprender. Y de repente, con el uso del término en el caso de Penélope, se me revela el sentido del término: contratar.

Claro, ahora lo entiendo: contratar es un verbo que sirve para el oscuro mundo laboral, para los mortales comunes y corrientes a quienes una empresa contrata para que desempeñen un trabajo que seguramente podría desempeñar cualquier otro u otra que tenga una preparación y una experiencia similares, y en cambio fichar señala, separa, individualiza, subraya al sujeto laboral elegido como único para realizar determinada función. No sé desde cuándo se usa en los terrenos deportivos pero es la primera vez que lo veo usado en los artísticos; esperemos a ver si se traslada a otras disciplinas: Alfaguara ficha a Felipe Garrido, el Museo de Arte Moderno de México ficha a Juan Manuel de la Rosa, el Festival Cervantino ficha a Fernando del Castillo para su próxima edición… Más inesperado será cuando deje de tratarse de personajes vivos y se refiera a toda clase de personalidades: El Prado ficha a Tintoretto, Gredos ficha la obra completa de Plinio el Viejo, Hollywood ficha por fin al verdadero protagonista del Divino Rostro.

Ya en lo puro especulativo se me ocurre que en cualquier momento nos vamos a enterar de nuevas traslaciones del habla deportiva y seremos informados de que el pichichi de los novelistas en español es Arturo Pérez Reverte, el de los dramaturgos José Sanchis Sinisterra, o que el pichichi del cine es Michel Douglas o Brad Pit, y el de los artistas plásticos está siendo Gabriel Orozco; pero más me sorprenderá cuando abarque otros oficios y se dé por ejemplo la noticia de que el congreso venezolano acaba de fichar para pichichi vitalicio a Hugo Chávez. Uno no sabe las vueltas que da el idioma.

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22 Febrero 2007

Brevedad de la vida

¡Qué va!, uno no piensa en eso, porque está incluido en el paquete inicial: la vida es breve, duele, etcétera. Pero, al menos yo, siempre he pensado que como la vida dura toda la vida no hay por qué estar pensando en su final. Lo que tiene el poema es que no habla sólo de eso sino de la imaginación y la memoria.

Durante muchos muchos años me despertaron en mi casa de Tiépolo los trinos de los pájaros. Es lo que extraño en Madrid, como no vivo cerca de ningún parque… Había uno de vocación académica muy acusada que silbaba cinco notas ascendentes y regresaba en seguida a recogerlas sin perder ni cambiar la entonación, y vuelta a empezar, hasta que todos los demás se despertaban y empezaba el concierto. Hago enorme esfuerzo por recordar el santo que fijó la escala musical que usamos o el concilio en que se definió su estructura, pero de balde, no me sale; esas y tantas, tantísimas más trampas tiene constante la memoria. Como los jardines de La Alhambra que ya no sé si los recuerdo porque los vi o creo que los recuerdo porque me los narró Pepe Tito.

Pero lo que de veras me apura es lo otro: el ansia de pensar que la vida hubiera sido otra cosa si me hubiera aplicado. Pero qué le vamos a hacer, nací cabeza de chorlito.

MÁS BREVE

Más breve que el canto de los pájaros
que anuncian el amanecer ensayando escalas musicales,
más corto que el trayecto entre el principio y el final
de algún jardín nazarí que se me escapa en la memoria,
más fugaz que la imaginación, porque en nada puse pie,
ha sido la vida,
que está preguntándose cómo es que se acaba así.

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