24 Febrero 2007

Agua


Hace mucho tiempo que aparece el agua en mis poemas; bueno, en los de cualquier poeta. Dejara de ser uno de los elementos básicos. Pero creo que está siempre ligada, cuando la uso, con sensaciones de bienestar, de plenitud. Por lo menos las evocaciones que puedo hacer de memoria son todas de esa naturaleza.

La circunstancia de este poema en particular la recuerdo perfectamente: entro a la ducha y los hilos de agua me cubren, dejan de ser hilos para tornarse en velos, en gasas envolventes, en afecto circundante y pleno; qué cómoda y dichosa puede ser la vida, aunque sea un ratito. Hablo con el agua, le doy las gracias, le digo palabras mimosas, le señalo el mérito de lo que estoy recibiendo de su parte; qué bien lo hace, condenada. Y ella, discreta, apacible, me sigue acariciando. Toda sensación de dolor desaparece, se van los malestares de la espalda, de la cintura, de las piernas, y queda sólo ese trato benévolo.

Hace tiempo que he perdido el reparo de hablar sin interlocutores, lo que llaman por ahí hablar solo; en realidad no me importa hablar con el agua, con la ropa, con los instrumentos de la cocina. Hasta hago un juego que comenzó por verbalizar el asunto ante Milagros: no, no hablo solo, ni que estuviera loco; estoy hablando aquí con la cazuela. De modo que no es una figura literaria lo de decir que coqueteo con el agua de la regadera, que casquivaneamos.

Recuerdo un poemita más breve todavía que surgió durante un viaje en tren por Nueva Inglaterra; habíamos ido a Providence invitados por Julio Ortega para un coloquio y ahora nos dirigíamos a no sé dónde, quizás a Boston; era invierno y afuera todo bosques, nieve y agua, montones de vías acuáticas, arroyos, canales, esteros, pantanos, agua, agua, agua por doquier, agua ligeramente azul, y todo blanco de nieve: “Si tuviera /un agua mía /mi agua,/ la llamara, /mía.” Éste está publicado en “Júbilo”, y en “Poemas y otros poemas”, ahorita que estaba buscando el anterior, me encontré con éste: “Del agua,/como de otras mujeres,/se sabe por su canto/su temperatura.” Y este sí es antecedente directo del que hoy reseño porque es de la misma ducha de la que estoy hablando, de la del baño de la casa de la calle Cervantes, en Madrid, donde vivimos; o sea que ya mi relación con ella iba bastante adelantada.

REPENTINO AMOR

Mis relaciones con el agua
han sido siempre de primer nivel
pero últimamente ella y yo
estamos, francamente, enamorados.

publicado en Se está tan bien aquí, mi voz | 1 comentario

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