25 Febrero 2007

Cada quien en su lugar


Sigo aquí con el cuento de cómo terminé el año pasado el libro de poemas “Se está tan bien aquí”, que permanece inédito aunque yo no sé si inédito se llame a lo que ya va apareciendo día a día en una página electrónica como esta; en todo caso, lo que quiero decir es que no existe todavía el objeto libro, impreso sobre papel y acumulable en un librero después de haberlo leído, subrayado, lagrimeado y manchado con los dedos que pasaron antes por una salsa. Y no es que no quiera publicarlo y exponerlo a tan mundanos destinos sino que no tengo editor. Si alguien entra por primera vez a este blog y no sabe de qué se trata puede remitirse a las páginas anteriores de la bitácora y se enterará de la verdadera y profunda historia de cómo se hace un libro de versos.

Hacia el final del libro, cuando ya para mí tenía forma de libro y no de colección de poemas, sentí la necesidad de invocar a las musas: “Canta oh diosa la cólera del pelida Aquiles”. Pero me di cuenta de que a escaso numen podemos acogernos los poetas de hoy en día, y peor si, como yo, creemos poco en masallases y nada en dioses de ningunos, como no sea, claro, en todo lo divino de la verdaderísima realidad del arte y las creaciones humanas.

Había un capítulo que me importaba dejar cerrado ya que me encaminaba al momento de decir adiós, y era el relativo a las influencias literarias, la intertextualidad, los vínculos entre la obra personal y el contexto literario de época, y cosas por el estilo. Perdón por hablar de esto en este espacio, pero así me amaneció el domingo. Yo he sido poco amigo de la academia toda mi vida; o más bien dicho, me ha parecido que una cosa es la academia y otra la poesía; haga cada quien lo que le corresponde y no le pidamos a nadie que se meta en los terrenos de otros. Porque ahora resulta que para poder ir de poeta ya no se puede ir con los ropajes propios del oficio sino que uno ha de tener títulos universitarios de letras y tesis y análisis y opiniones de sí propio y de los demás que han de estar cotejadas con las cumbres del pensamiento y el orden de los académicos; si no, no.

Y luego estaba el otro asunto, el de para qué escribe uno. Y la verdad es que aunque el poema estaba destinado a ser parte del principio del libro el interés profundo que lo movía era dar cuenta de un montón de acontecimientos que aparecen a lo largo del libro y que tradicionalmente no están englobados entre lo que tiene autorización para llamarse poesía. Ya hablaré de eso, yo creo, cuando empiecen a salir los ejemplos. Hoy preferiría contar un sueño que estaba teniendo hace ratito, antes de despertarme.

SUEÑO DE LOS PUROS

Los sueños, cuando se vuelven palabras escritas pierden la sangre de su profunda verdad pero no hay otra manera de tratar de conservarlos y transmitirlos. El caso es que venía a comprender que mi enfermedad era resultado de mi rebeldía porque en realidad yo era un líder religioso, un líder moral y había querido escapar de ello; me parece que era yo el verdadero líder de los judíos. Y me percataba de que el pelo me había crecido demasiado y en forma por demás irregular; tenía un greñero que no era para nada propio del dirigente que yo era sino más bien la melena desordenada de un rockero. Lo asumía y entonces ya podía ir a la habitación de mi madre, que estaba del otro lado, a buscar mi caja de puros que yo sabía que ella tenía confiscada; no porque pensara fumármelos; no, ya no; sólo quería tenerlos porque eran míos.

Salí de la invocación contando cual es el verdadero sentido que tiene el color de las plumas de los pájaros, la dureza calcárea de las conchas y el grosor de las líneas que produce el pincel. Y buscando, como siempre, la complicidad de los demás, de las señoritas, sobre todo. El libro, ya para esas alturas, estaba prácticamente terminado, aunque aun no había escrito la despedida.

INVOCACIÓN

De manera que no teniendo musa o diosa a quien pedirle
que engalane mi prosodia,
-otra cosa es que no tenga a quién encomendarme
pero no es el caso ahora referirme a ese prodigio
pues de ello aparecerán aromas y se develarán colores en su momento-
y habiendo hecho pública profesión de ateísmo,
asumo plenamente la responsabilidad por los versos
que vienen aquí. Yo los hice solo, sin ayuda de nadie
pues declaro no estar ya
en situación de pedir auxilio para tales menesteres,
sin demérito de todos los ilustres antepasados en cuyas obras
he bebido los néctares propicios y apurado las necesarias ambrosías,
y con el propósito de mejorar el mundo un poco,
con la intención científica de lograr injertos de mi piel
en la lacerada piel del mundo,
con el deseo descarado de conmover a las señoritas que los lean
y a los muchachos que se acerquen a ellos
y atraerlos a mi bando y feligresía en los límites de este mundo
y considerando que a falta de la energía inconmensurable de los dioses,
que ya no están,
cada quien, desde su soledad íntima y creativa,
debe hacer lo que pueda para que ruede el mundo y siga girando.

publicado en Se está tan bien aquí, mi voz | 3 comentarios

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