22 Junio 2008

Mis cosas

publicado en diario |

Lo que de veras me preocupa son mis cosas. Las personas como quiera se van acostumbrando, tienen nuevas preocupaciones, van y vienen, se tienen que acomodar para seguir lo suyo. Pero las cosas quedan completamente a la deriva, no habrá quién las proteja; con uno ahí van, se dan valor unas a otras pero todas dispersas son basura; el frasquito de los caramelos, el estuche vacío, las muñequitas del Rastro, la pluma sin depósito, el papel que era tan bonito, el plato que algún día usaríamos para algo. Esas sí que están perdidas. No es que tengan valor sentimental, no es eso, sino que cada una es un pliego de memorias enrollado y no habrá biblioteca de Alejandría que los recopile; se va uno y como si no hubiera tenido nada ni siquiera se despide de sus cosas, y luego las pobres, como no sirven para nada a nadie le mueven el interés de conservarlas; se va uno y las deja condenadas a ser otra vez material de baratillo, cuando mucho.

Este artículo fue publicado el Domingo, 22 Junio, 2008 a las 13:05 y está archivado en diario. Puedes seguir los comentarios en el RSS 2.0 feed. Puedes escribir un comentario, o hacer trackback desde tu Web.

Hay are actualmente 6 comentarios en “Mis cosas”

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  1. 1 En Junio 22nd, 2008, Patricia Morales dijo:

    Alejandro:

    Sigue disfrutando de tus cosas!!!!!
    del frasquito, el estuche, las muñequitas, la pluma, el papel, el plato………

    Te admiro, te respeto, te “cyberquiero” mucho!!

  2. 2 En Junio 23rd, 2008, ces dijo:

    Lo que daría porque algunas de las cosas que tengo hablaran un poquito, los tenis viejos, el lápiz que muerdo diario…que me contaran algun chisme, se rieran conmigo de mí y al final no estaría nada mal que también se tomaran un tequila.

  3. 3 En Junio 23rd, 2008, José Manuel Ruiz Regil dijo:

    CAJA

    Esta es una caja de cartón. Una caja vacía, insignificante, estorbosa, color caqui, que huele a guano de pollo, y en un descuido todavía carga una plumita amarillenta que contrae sus delgados filamentos hacia la parte más húmeda de su ahusada estructura. Tiene en sus costados la marca de la empresa que la usó antes que yo para transportar sus productos, y que, tal vez, la tiró a la basura o revendió a algún depósito de papel, el cual, a su vez, revendió a alguien más, en este caso yo, que estuve dispuesto a pagar hasta $4 ó $5 por ella con tal de resolver el problema de meter toda una vida en su vacío, ¿o tendría que decir todo un vacío en su vida?

    Seguro que en cuanto esté llena de las cosas de mi aprecio como son mis libros, fotografías, discos, documentos oficiales, cartas sentimentales, apuntes de ideas, dibujos, cuadernos de la escuela, cierto tipo de manuales, ropa, aparatos electrónicos, o de artículos de primera necesidad como trastos de cocina, baño o cuarto de lavado, lámparas, herramientas y otras chácharas, su sola presencia cobrará otro significado en mi estancia hueca. ¿Reconoceré, entonces, una porción de mi vida encerrada bajo cuatro pestañas de papel kraft de alto gramaje?

    A esta caja seguirá otra, y a esa otra, y a esa otra más. Es la constante en las mudanzas.
    ¿Puede uno identificarse tanto con las cosas como para experimentar la angustia de separación al reconocer sus recuerdos y sus anhelos dispersos entre folios y archivos asegurados con cuerda de henequén? Pienso en esas figuras de Dalí a las que les salen cajones del cuerpo, y siento que esto de empacar es algo parecido. Sacar las gavetas que dan luz, y las que ensombrecen, las pesadas y las que aún son alhajeros diminutos de tímida iridiscencia. Aún así, el miedo a perder, la crispación que provoca el deterioro, la caducidad, la corruptibilidad de los objetos, me remite al proceso del olvido, que va dejando en cada muda una pequeña parte del todo, esa que no se siente perder, de la que no se nota su ausencia, y sin embargo da lugar a lo nuevo, a la sorpresa, el empezar de nuevo. Porque, ¿qué es cambiarse de casa sino un cambio de piel, un paso hacia otra perspectiva, un reenfoque de la misma realidad, pero desde otro punto de vista, un nuevo rol en el orden, un ceder el paso a quien ya le toca estar donde yo estuve y seguir la huella al que acaba de dejar libre el lugar donde voy?

  4. 4 En Junio 23rd, 2008, José Manuel Ruiz Regil dijo:

    Uy, es me fue rapidísimo. Tu blog es super veloz. Bueno, te mando el comentario anterior, como un consuelo por la preocupación compartida de las cosas.

    Un fuerte abrazo.

  5. 5 En Junio 23rd, 2008, Adriana Díaz Enciso dijo:

    Querido Alejandro:

    Las cosas tienen también sus aventuras; terminan en lugares insólitos, cuentan cuentos, entrejeten las historias de todos los que las han poseído y les han dado un significado. Se llevan parte de nosotros a lugares insospechados, y ahí a donde llegan nadie imagina que esa parte de nosotros está también ahí, curioseando.
    Nada se pierde. Es todo muy misterioso, pero nada se pierde.
    Como siempre, te digo que tu blog me llena de admiración. No he visto hasta ahora ningún otro sitio que le dé tanta vida, hondura, sentido al también muy misterioso espacio de la red.
    Te mando un abrazo muy fuerte y apretado, cargado de cariño y más cariño, y otro a Milagros, que es como si ya la conociera.
    Adriana

  6. 6 En Junio 23rd, 2008, rosina saldivia jara dijo:

    Alejandro:Para no pensar tanto en “nuestras cosas”,lo mejor ,creo yo es irse desapegando e ellas poco a poco.

    Diario hacer limpieza,regalar,eso,es muy bueno DAR.Siempre hay alguien a quien les gustara algo de lo nuestro.

    En otro tèrminos practicar el desapego, como dijo mi querido Pablo,”que nada nos ate”,pero en este caso,que nada nos ate a este mundo.Tenemos que andar ligeros de equipaje.Es màs fàci.

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