18 Julio 2008

Volver al siglo

publicado en diario |

El 26 de junio pasado se me ocurrió que por qué no empezaba yo a intentar una descripción de lo que ha sido la enfermedad durante estos tres años y me propuse hacer una especie de poema épico en que fuera narrando –con el cáncer como protagonista- las batallas cotidianas o periódicas que hemos librado. Llevo escritas unas veinte partes, más o menos, y estos últimos días he sentido que necesito un respiro. Una veces porque me he sentido muy mal físicamente, otras, porque me ha faltado el impulso interno que necesita un poema para seguir por sus extraños caminos.

Había otra razón para darme prisa: no sabía si me alcanzaría el tiempo para llegar a algo que me satisficiera, si me alcanzarían los días; pero resulta que los días –por fortuna- han resultado mucho más elásticos de lo que yo pensaba hace tres semanas. No digo que me haya ido recuperando pero he entrado en una normalidad cotidiana que me permite desechar por el momento la urgencia de terminar. He vuelto a dormir razonablemente, los medicamentos que tomo han caído bien a la inhibición de los malestares más importantes y con ello me ha regresado la recuperación mínima diaria que se necesita para planear días próximos.

Muchas de las cosas cotidianas las he consignado en los Cantos rodados –que fue el nombre que se me ocurrió para ir haciendo el cuerpo del poema, su tronco, digamos, la leña sobre la que se tiene que sostener. De todos modos, los nombres que he puesto a las partes son provisionales; todo está a revisión, incluso su conformación como unidad; aunque sí puedo decir que esos nombres me han servido de guía para dotar el canto de una estructura que espero que se sostenga.

Pero resulta que al rato de que empecé a escribir esta relación de hechos, se me fue clavando el pico, me fui cayendo y me empezó a entrar una desavenencia atroz. Tanto que no pude seguir, tuve que detenerme en el último párrafo. Entonces abrí otra página e intenté hacer un canto rodado, pero si esto que era puro informe no podía, aquello, que requería sangre de plano se me negó. Fue entonces que se me ocurrió pedirles un chancecito. Y sí, me volví a dormir. Ahora ya tengo arrestos para, por lo menos, terminar la página, corregir mi barbaridad y voltear a ver qué más estropicios hice en este rato de incuria y abandono.

Este artículo fue publicado el Viernes, 18 Julio, 2008 a las 13:48 y está archivado en diario. Puedes seguir los comentarios en el RSS 2.0 feed. Puedes escribir un comentario, o hacer trackback desde tu Web.

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