17 Marzo 2007

Navegantes

Cuando éramos muy jóvenes poetas, nos llevó Efraín Huerta a Querétaro y nos presentó con los poetas locales. Había entre ellos un hombre mayor, gordo, simpático, enfermizo, o al menos es así como lo recuerdo, que se llamaba Pablo Cabrera, Pablito Cabrera. Nos recitaba un admirable soneto suyo levantando los brazos y los hombros y con voz un poco atiplada y anhelante: “Yo sé que recatándose en la sombra / a toda alma responde un alma ajena”. Y ahora me ha venido la imagen del poeta como una conversación apenas interrumpida. Uf. No saben ustedes el gusto que me da levantarme, iniciar nuestras andanzas por ahí, mías y de la computadora, y constatar que durante la noche, mientras yo dormía ajeno a todo, en muy distintos lugares del mundo, en remotas ciudades, en indecibles destinos de la tierra, en sitios que quizás jamás pisaré, alguien, muchos álguienes, cada uno con una pantalla similar a la que tengo enfrente asociada indefectiblemente a un tablero, leyó, leyeron, lo que escribí apenas ayer y antier, de que si mi sangre, que si anemia y neutropenia, las hermanas díscolas cuyo nombre se escribe con minúscula para resaltar su bajo perfil; que si los berros, que si la otra vez me dio urticaria. Casi creo ver sus caras, aunque no los conozca, sus ojos brillantes, sus sonrisas cómplices, sus entrecejos simpáticos. “Yo sé que recatándose en la sombra / a toda alma responde un alma ajena.”

El poema que hoy sigue en el orden del libro fue escrito para Vital Alzar. Lo que recuerdo de él lo digo en el poema tal cual. Lo que me sorprende sobremanera es no haberlo encontrado en internet. Alguien que no está en internet, habiendo hecho algo tan destacado como construir una carabela en los astilleros de Alvarado, Veracruz, y repetir el viaje de Colón en el 5º Centenario ¿puede no estar en internet? Es eso lo que me sacó completamente de onda. La primera vez que tuve un programa de televisión de amplia audiencia se me ocurrió un día decir que quería encontrar a un amigo que lo había sido de niños, en la primaria, Arturo Ramírez, y a la semana siguiente ya estábamos siguiéndonos la pista porque a él ya alguien le había comentado que en un programa de televisión bla bla y a mí me mandaron el recado telefónico de que alguien sabía quién era y ya me lo tenía localizado. Acabamos encontrándonos con mucho cariño y luego, como era de esperar, nos volvimos a perder. Pero con Vital es diferente, es mucho más grave no encontrarlo, es como entrar en un hoyo negro en el que la materia, la realidad, la memoria concreta de los hechos, desaparece y no deja nada en lo que antes era la certeza de un recuerdo. Con él nunca tuve sino encuentros públicos, unos casuales, cuando encontré su barco en Veracruz y otros inducidos, cuando lo entrevisté para promover su aventura. No puedo decir en rigor que fuéramos amigos, lo que pasa es que lo violento del acto de buscarlo en internet y no encontrarlo me hizo sentir por él una ternura solidaria y una cercanía afectiva que me impulsó a sentirme sinceramente su amigo.

MI AMIGO VITAL ALZAR

Dónde estará mi amigo Vital Alzar, el navegante,
que hace tantos años que no sé de él,
el que construyó una carabela para repetir el paseíto
de Colón cuando le dijo a la tía Isabel
que le diera chance de redondear el mundo;
lo vi la última vez hace muchos años atracado en Veracruz,
cuando ya había pasado la efemérides del 92,
convertido su barco en museo y tienda de souvenirs
y luego no he vuelto a saber de él
ni lo encuentro en internet, qué extraño,
a lo mejor lo soñé y no le dio la vuelta al mundo
a propósito del quinto centenario del grito de Triana
con su carabela que construyó en Alvarado;
me acuerdo de la locura de los constructores en el astillero,
y tal vez mi hijos que eran pequeños lo recuerden también,
me acuerdo de la pasión de Vital y de sus hombres,
del olor febril a carpintería, a torsos desnudos,
a clavos y a brea, a mar y a selva,
pero si no está en internet, en donde está todo,
es posible que no haya existido nunca
ni yo lo haya entrevistado más de una vez en la televisión
y en la radio, ni lo haya visto en su barco
con su familia en Veracruz,
ni haya navegado yo mismo con la imaginación
por todos los derroteros que él me describió;
tal vez ande bogando por tan remotos mares
que no quepan sus sueños y experiencias en la Red.

Este artículo fue publicado el Sábado, 17 Marzo, 2007 a las 9:07 y está archivado en Se está tan bien aquí, mi voz. Puedes seguir los comentarios en el RSS 2.0 feed. Puedes escribir un comentario, o hacer trackback desde tu Web.

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