23 Marzo 2007

Frío y sangre aguada

La Primavera que celebré la semana pasada se fue al desván, al altillo, al trastero, a la porra, y en su lugar volvió a imponerse el viejo Invierno de las barbas blancas que va siempre con la boca abierta de la que sale un hálito que corta la carne e interrumpe el flujo de la sangre, es el aire helado que tiene el pobre en las entrañas, y como está fatigado, su resuello se acelera y sopla más de lo que sería bueno para el mundo. Así es todo el tiempo la lucha que se traen entre sí las Estaciones, que pertenecen al reino de lo divino. Ante lo que nosotros no somos nada. Abrigos y bufandas, gorros y guantes, y rota la ilusión de andarse paseando tranquilamente por las calles; vas a donde vas y cuanto antes te metas a resguardo, mejor; porque así como es gratísima la Primavera sabe ser el Invierno un maldito incordio. Hasta cierto punto, porque acá, la verdad, nunca hace frío que dure más de unos cuántos días ni cielo que se nuble más allá de tres o cuatro. Madrid y sol. Hace frío pero ahí está el solezote con su alegría de fiesta, así que apechuguemos y aguantémonos esta semana que la próxima habrá de nuevo aires cálidos que nos renueven.

Mientras tanto yo seguiré tomando mis licuados de berros, espinacas, perejil, piña y jugo de naranja y comiendo mis deliciosos platos de frijoles caldosos y mis jugos de carne con la esperanza de que mi hemoglobina, prima hermana de las flacas aquellas de las que ya me he expresado en anteriores ocasiones, se convenza de que unas poquitas de formas no le harían mal, que subir tantito su apariencia la haría sentirse mejor y encontraría mejores partidos, porque otra vez ayer me sacaron sangre, y no, por abajo del límite requerido para entrar en batalla. Ya ni en las pasarelas de modas las dejan andar. Lo peor es que con la rica dieta de hojas verdes aumenta el poder de coagulación de la sangre y crece el riesgo de trombosis, un amor.
Esto que sigue no tiene ninguna miga ni nada que comérsele, es un puro juego, un ejercicio de diccionario pero si me pongo “moderno” puedo argüir que se trata de mostrar lo difícil que es la ortografía y lo útil que puede ser para decir distintas cosas con palabras iguales pero de escritura diferente. Todos nos acordamos de aquel que nos enseñaron de niños. “Vaya con la yegua baya que saltó la valla”. También hay situaciones, sentimientos, emociones, conceptos, que son iguales a otros en apariencia pero tienen un matiz diferente en nuestra ortografía personal; aprender a diferenciarlos sí que tiene miga. Y que se puede usar el complejo andamiaje del idioma también para jugar.

EJERCICIO DE ORTOGRAFÍA

Tápale al caballo los ollares
y lleva la olla de hollejos cabe la hoya vieja;
allí le limpiarás el hollín, cavarás un hoyo,
aquel que escarbaras en cavidad que no huelle el entorno,
y oyes con aquiescencia el aquillado maquinar del aire
donde no la viertes al viento abierto
sino la cubres con la secrecía de tu benevolencia;
mas no haya más si no te hallas allá: te vuelves.

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Este artículo fue publicado el Viernes, 23 Marzo, 2007 a las 9:00 y está archivado en Se está tan bien aquí, mi voz. Puedes seguir los comentarios en el RSS 2.0 feed. Puedes escribir un comentario, o hacer trackback desde tu Web.

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