18 Septiembre 2007

Esta casa y la de antes

publicado en diario, mi voz |

Ahora resulta que tenemos dos casas; fuimos víctimas de despojo y cuando nos restituyeron lo injustamente ocupado ya teníamos otro domicilio desde el que estábamos atendiendo al personal interesado; ahora vivimos en dos barrios colindantes: blogspot y wordpress. Milagros se va por las mañanas con cubeta, escoba y trapeadores a limpiar el puerquero que nos dejaron; lo único que no me gusta mucho es ese trapo que se pone en la frente amarrado por detrás, como de pirata o de Ount Jemima, porque me parece que no le agracia su carita, pero fuera de eso estoy encantado del trabajo de orden y restauración que está haciendo. Ya casi le devolvió todo su chiste; pueden ustedes verlo si se desplazan al barrio donde antes estábamos: blogspot, allí está todo nuestro pasado; se entra como a la obra de un templo restaurado de la antigüedad en el que se pueden leer los códices que permanecen intactos. Aunque la verdad yo no sé qué hacer con dos casas; no puedo dormir en ambas, ni ir a comer, ni dormir la siesta, que me es consustancial, ni tener en las dos cepillo de dientes. Hasta mi erotismo está mermado porque me inhibe la duplicidad, si de por sí. No me explico cómo le hacen.

Pero lo peor no es eso, sino que no sé cómo las vamos a atender porque pasado mañana nos vamos a México. Claro que las casas son virtuales y da lo mismo dónde estemos, pero para atenderlas se necesita una cierta estabilidad, una rutina, y nosotros, a partir del jueves, vamos a andar de la ceca a la meca. Allá nos lleva el Encuentro de Poetas del Mundo Latino y algunas presentaciones de “Se está tan bien aquí”, famoso libro de poemas que ya tuvo su estelar presentación en Madrid, ampliamente reseñada aquí si os acordáis. Mas tengo una violetas aquerenciadas conmigo, aquí pegaditas en mi mesa de trabajo al lado de la ventana, porque las encontré, pobres, en una charola cerca de otra ventana, amarillas y deslucidas y me las traje para acá, se ve que no bebían casi nunca del plato de abajo porque no les ponían: ¿quién las va a cuidar en mi ausencia? Apenas están levantando cabeza, engordando sus hojas, enverdeciendo, y las voy a tener que abandonar a su suerte. Le pediré a Tencha que me las mime.

Estoy nervioso, lo tengo que confesar; errático; hace un año que no voy a México, ¿estará todavía en pie? Por lo que leo en los periódicos, partes sí y partes han caído ya. Sólo espero que prevalezcan Los Panchos y que esté Benito en el mostrador que da a la calle y me despache mis campechanos de costilla con chicharrón; hago ejercicios de concentración mandando energía a San Cosme para que resista Boca del Río cualquier vicisitud que le acontezca y pueda echarme allí un coctel grande de los ostiones que están desconchando en la mera entrada desde que tengo memoria. Y pido que aquella señora que está en una esquina de la colonia Portales a la que sé llegar, siga haciendo esas quesadillas que embelesan, y que las hijas de doña Lupe, la de Zacatecas, hayan heredado la excelsitud de su antepasada para hacer gorditas. Y que todo lo demás lo encuentre en orden y en su lugar. Pero estoy de los nervios, como dicen por acá. Y con dos casas, para colmo.


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Este artículo fue publicado el Martes, 18 Septiembre, 2007 a las 10:33 y está archivado en diario, mi voz. Puedes seguir los comentarios en el RSS 2.0 feed. Puedes escribir un comentario, o hacer trackback desde tu Web.

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