11 Marzo 2008

Autorreconstrucción

publicado en cáncer, diario |

Si hubiera un dispositivo que encender, un botón que hiciera click y se activara el movimiento interno de reconstrucción. On, y las células empezaran a recibir la señal de que tienen que rehacer su núcleo y acomodarse en el lugar en que hay que estar para ser útiles; ordenaditas y funcionando, vamos, y de buen humor; un ronroneo discreto debido a la acción interna comienza a oírse si se aplica el oído cerca de los puntos vitales. ¡Acá, acá!, comenzara a escucharse en los lugares en donde falta material para reparar un tejido dañado y llegara el ingeniero de ADN con sus muestras para buscar el elemento exacto que hace falta. A ver, cuadrilla; sí, ustedes, dejen de estarse revolcando en la sangre con esa felicidad festiva y sirvan para algo: desplazamiento urgente en busca de tal y tal al almacén con esta orden de entrega inmediata. Le dicen a la señorita que atiende que las que quiero son las más fresquitas, las que acaban de salir de la célula madre y que me las mande acompañadas de un estabilizador permanente, del que estamos probando para evitar que vuelvan a morirse. Le dicen que se trata de uno de los sujetos ya escogidos para modelo permanente. No se me entretengan.

Y salieran pitando, relamiéndose todavía lo saladito de la sangre en que estuvieron jugando tan a gusto cuando no había necesidad de actuar para una causa tan severa como es esta, responsables de la vida del individuo en que les tocó la suerte de morar y ser parte. ¡Vamos, muchachos, ánimo!, tenemos que cumplir con la encomienda y volver lo más rápido que podamos. Y que entonces los accidentes que pudieran impedir la realización inmediata de la tarea fueran, por ejemplo, que el individuo no ha comido suficiente fruta y hay un área desolada, sin vitaminas, de tierra movediza, en la que cualquier partícula que intente avanzar es devorada por una sedienta necesidad de apropiarse de cualquier alimento que le devuelva la vitalidad; o una zona en donde de lo que se carece es de proteínas y hay un clima de hostilidad de tal magnitud que casi se diría que hay que cruzarlo a sangre y fuego; el mal humor impera agazapado tras cojincitos de hipocresía pero sale y secuestra todo lo que alcanza a ver pasar por el camino con una indiscriminación peligrosa que proviene de una miopía congénita.

¡Vamos muchachos, ya falta poco!, si avanzamos más por entre este triperío llegamos a la columna vertebral y por allí entramos al departamento de médula en donde están los almacenes, no se achicopalen. Y llegados se encontraran con un sistema prudente y eficaz acostumbrado a cumplir sin dilación sus órdenes de trabajo; nada de burocracia, nada de se fue a tomar un café, nada de pidió el día porque se le va a casar un sobrino. Sí señores, aquí está lo que pidieron y ahí afuera hay un vehículo rápido para llevarlos a donde se necesitan aplicar estas células que están de rechupete; lleven de paso estas que se están experimentando para eliminar por completo los residuos que puedan quedar de lo que se pudrió y ocasionó el percance. Salen con celeridad  y yo veo a mi encomendado tirar el iris de los ojillos alegres para todos lados como buscando alguna voz, un narrador que le ayude a poner en circulación este monólogo interno para que no se quede en el puro silencio de sus fantasías. Haré lo que pueda, pienso, y comienzo a reconstruirlo.

Este artículo fue publicado el Martes, 11 Marzo, 2008 a las 10:24 y está archivado en cáncer, diario. Puedes seguir los comentarios en el RSS 2.0 feed. Puedes escribir un comentario, o hacer trackback desde tu Web.

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