23 Marzo 2008

Lúgubre, lóbrego

publicado en cine, diario |

Le oí decir anoche en una de esas meditaciones intrascendentes que apuntan algo como para ver si jalan al alma y se sumergen en algún agua profunda, el alejandrino de Rubén Darío que otras veces ha relucido por sitios semejantes de su conciencia: la pérdida del reino que estaba para mí. Le ocurre con frecuencia cuando repasa de cierto modo memorias de la niñez y de la adolescencia. Pero luego los derivados de su acercamiento son tan vanos y vulgares que opta por recordar a Darío mejor que por pensarse en él. Sé que tiene que ver con su conciencia y la culpa pero no me atrevo a interpretarlo si él no da licencia, si interrumpe el discurso propio y me deja batallando con conjeturas que no me corresponden. De modo que lo seguí por las peripecias del sueño a ver si aparecían señales, y al despertar la primera vez le surgieron al hilo palabras no reveladoras: lúgubre, sombrío, lóbrego, funesto, sórdido; quedéme taciturno y me volví a dormir junto con él porque no les puso enjundia. Acabé pensando, a la segunda o la tercera despertada en la que volvieron a aparecer tales floridas palabras, que se podía referir a la Semana Santa.

Aquí no; aquí y ahora es una fiesta; el sacrificio que se hace para cargar las parihuelas sobre las que bogan las figuras de la Pasión se ve animado por sentimientos de una religiosidad demasiado inmediata, urbana, callejera; una religión de comer y beber, de presumir y bailar. Lástima que desde el año pasado decidieron cambiar el pagano recorrido de una de las procesiones, la del Cristo de Medinaceli, que pasaba justo bajo mis balcones y desde allí la mirábamos y nos encandilaba su música penetrante, sombría en apariencia pero trufada de azúcar y canela, y su oropel fantástico de alcoba cuidado con el esmero de una matrona que a través de sus figuras evoca los días del baile y la fiesta, los días, necesariamente discretos hacia fuera pero llenos por dentro de señas del amor carnal. El público estalla en aplausos cuando los costaleros, los cuarenta o cincuenta fortachones que cargan la pesada plataforma, logran hacer un coordinado paso de baile que mueve las figuras divinas rompiendo la solemnidad de toda la apariencia.

No; yo creo que las palabras fúnebres surgieron de la visión de la película de Mel Gibson, porque la vimos esta semana como opción temática, y es espeluznante (Yo, claro, la vi arrinconadito en mi sitio de narrador que en todo está.) La cantidad de dolor y sacrificio acumulados sobre el personaje va más allá de toda explicación física o terrenal: quiere alcanzar el mito e instalarse entre las causas de lo divino, sólo los dioses pueden con cosas como ésas. Nada que ver, insisto -pensaba él-, con los bañados y perfumados cristos de las procesiones callejeras de por aquí. Y no sé si este contraste, este violentar por dentro algo que aunque rechazo reconozco como parte inevitable de un fundamento de identidad es lo que anoche, al vuelo, como tantas otras veces me hizo pasar por el rabillo de la memoria los versos de Darío, que cito igual, de memoria “y el dolor de no ser lo que yo hubiera sido, la pérdida del reino que estaba para mí, y el sueño que es mi vida desde que yo nací.”

Este artículo fue publicado el Domingo, 23 Marzo, 2008 a las 10:52 y está archivado en cine, diario. Puedes seguir los comentarios en el RSS 2.0 feed. Puedes escribir un comentario, o hacer trackback desde tu Web.

Hay are actualmente 2 comentarios en “Lúgubre, lóbrego”

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  1. 1 En Marzo 23rd, 2008, María Elena dijo:

    Don Alejandro,
    lo que son las cosas… y las percepciones.
    Como yo nunca he visto “de carne y hueso” las procesiones de Viernes Santo en España, únicamente a través de la pantalla de la tv, y sólo fragmentos que pasan en los noticieros o en programas documentales, no tengo (PARA NADA) esa visión de fiesta que usted nos cuenta. Más bien tengo la otra: la lúgubre, sombría, funesta -y todo lo demás-
    Acá en Xalapa las parroquias de dos o tres colonias, más la Catedral, organizan desde hace muchos años procesiones semejantes. Todas son solemnes y silenciosas. La religiosidad aquí no es tan “callejera” (o, al menos así lo percibo yo).

  2. 2 En Marzo 24th, 2008, Luis Hernánde Romero dijo:

    Alejandro:
    Ayer domingo de resurrección a unos cuates del sindicato de Maestros se les ocurrió hacer un homenaje a un viejo atleta que ganó medallas en Juegos Panamericanos y centroamericanos y represento dignamente a México en una Olimpiada. el homenaje tenía sentido y nada que ver la resurrección a no ser la del Chivo Alfredo Peñaloza y desde luego el homenaje que consistió en una carrera que resucita el gusto por el ejercicio.
    Yo prefiriría una carrera compartida sin ganadores ni perdedores, solo por el gusto de hacer ejercicio en grupo, en el Cerro del Aire de San Marcos, Toluca, Estado de México, y disfrutar además este espacio que aún huele a naturaleza viva.
    En fin eso es mejor que celebrar con un homenaje de vida no solo al amigo Peñaoza, sino el sentido vitalde la resurrección.
    luis hernández romero

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